Tiempo

“Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol” (Eclesiastés, 3,1)

Tiempo. Sin duda, lo que me ha faltado este año ha sido tiempo. Tiempo para descansar, tiempo para flojear, tiempo para estar con mis amigos, tiempo para estar con mi pololo y mi familia. Tiempo para hacer las cosas que me gustan. Tiempo para leer, tiempo para escribir.

Ya estamos en diciembre, y siento que este año fue un suspiro que pasó apresuradamente, sin darme tiempo de respirar. Creo que como nunca, me sentí muy cansada, con sueño crónico, pero con mi cerebro siempre a mil.

El apremio fue tanto que entre mil actividades, me llegó una propuesta inesperada, maravillosa y emocionante, que me dejó expectante, sorprendida y feliz, muy feliz. Después de seis increíbles años juntos, ahora, con Seba somos novios. Nunca pensé que llegaría este momento tan pronto ni qué era lo que iba a pasar cuando llegara. Pero lo que sí sé es que estoy tan feliz que por mis venas corre alegría absoluta.

Este 2012 ya se acaba, se lleva con él el estrés, la falta de sueño, los fines de semana de estudio, las clases y el trabajo sin parar, dándole paso al año 2013, y junto con eso a una nueva etapa, cargada de desafíos laborales, organización, cotizaciones, compras, gastos, pero mucho, mucho amor.

Nuevos deseos

El sábado en mi casa hablábamos de las cábalas de Año Nuevo y de lo ñoñas que eran algunas. Por ejemplo, mi hermano decía que no por el hecho de ponerte calzones amarillos vas a encontrar pololo, o no por pasear con una maleta necesariamente uno va a viajar. 

Raramente, a mí algunas sí me han resultado, por eso me gusta hacerlas, total, es mejor ponerse los calzones que no ponérselos…uno nunca sabe. ¡Yo el año que me los puse me puse a pololear! Aparte que el hacer las cábalas en familia es entretenido y le da emoción a la noche, ¿no creen? 

Pero cuando comienza un año nuevo, creo que más que hacer cábalas, es importante darse un minuto para reflexionar acerca del año que se fue, qué bendiciones nos llegaron, qué personas conocimos, que momentos agradables pasamos. También es bueno pensar en los instantes de dolor y tristeza, que por muy duros que hayan sido, nos fortalecieron y nos llenaron de entereza. 

Y también creo que es fundamental proyectarse a lo que será el nuevo año, ponerse metas y desear muchas cosas buenas, ya que el pensamiento y el poder de convicción son muy poderosos. 

Yo para este 2012 deseo tener mucha alegría y reírme mucho, ya que al reír siempre me siento mejor. Deseo compartir mucho con mis papás, conversar con ellos y aprovecharlos. Deseo jugar lo más posible con mis sobrinos, regalonearlos y nutrirme de su inocencia y muchosidad. Deseo pasar mucho tiempo con mi pololo, regalonear, flojear, viajar con él y seguir conociéndonos y complementándonos. 

También deseo pasar más tiempo con mis amigos y amigas, hacer paseos entretenidos y juntas chistosas. Deseo seguir trabajando en lo que me gusta y seguir haciéndolo con ganas y entusiasmo. 

Deseo ver muchas películas, leer aún más libros, andar más en bicicleta, ir más a misa, comer muchas cosas ricas sin culpa, hacer viajes espontáneos. Deseo aprovechar a concho el 2012. 

Y tú, ¿qué deseas para este 2012?

En dos ruedas

Hace más de un mes que decidí usar mi bicicleta como medio de transporte diario, y no simplemente como un pasatiempo momentáneo de los fines de semana. Con mi casco, guantes, campanita y canasto, me subo todos los días y parto rumbo al trabajo. 

Debo agradecer por la fuerza de voluntad que me vino del más allá que me ha hecho perseverar en este desafío. Ahora soy realmente feliz pedaleando por las calles, con el viento en mi cara y oxigenando mis pulmones. 

Aunque el calor en estas fechas ha sido extremo, no ha sido impedimento para disfrutar de estos paseos diarios en dos ruedas. Me sirven para relajarme, desconectarme del estrés, y pensar en mil tonteras que me calman y tranquilizan. 

Pero como no todo es tan bueno en la vida, el andar en bicicleta no siempre es fácil y tiene sus complicaciones. Como todos saben, la ciudad no está pensada para los ciclistas. Hay muy pocas ciclovías, por lo que uno debe lidiar con los autos y los peatones, buscando un espacio para desplazarse.

 Aunque prefiero desplazarme por la vereda más que por la calle, creo que los más complicados son los peatones, ya que muy pocas veces se corren para que uno pueda pasar y nos miran con odio cada vez que pasamos en la bici.

Por lo mismo, les dejo algunos tips para que sus paseos en bici por la ciudad sean tranquilos y relajados:

 -          Campanita: aunque a mí me da un poco de vergüenza usarla, creo que es muy útil, sobre todo con los peatones con problemas auditivos que no perciben cuando uno les dice “permiso” y pasamos al lado en bici.

 -          Canasto: es muy útil para llevar la cartera, los zapatos, entre otras cosas. Sé que no son muy masculinos, pero para las ciclistas, es de gran ayuda. Los niños, pueden usar alguna mochila cómoda y liviana o una alforja.

 -          Guantes: hay algunos manubrios que son duros y dejan las manos adoloridas, por lo tanto recomiendo el uso de guantes, para proteger las manos y no sufrir en el trayecto.

 -          Casco: aunque en la actualidad es algo obvio, creo que es importante recordar la relevancia de este implemento. Yo gracias a Dios aún no lo he necesitado, pero siempre lo uso por prevención.

 -          Asiento cómodo: como la idea es andar a diario en bici, es fundamental que el asiento sea cómodo, sobre todo para las mujeres. Mi bici antes tenía un asiento duro que me hacía sufrir, pero mi pololo me compró uno perfecto, blandito como un cojín, que me permite disfrutar de mi paseo.

 -          Perros: no sé por qué, pero los perros tienen una fijación con las bicicletas y te ven y te tratan de atacar y perseguir. Por esto, les aconsejo evitarlos en su camino.

Casco Bici

Mi anuario 2011

Como trabajo en un colegio, me he hecho cargo de la confección del anuario, principalmente de la recolección de textos, corrección y también redacción de algunos de los escritos. 

Como ya deben saber, el anuario es una publicación que busca resumir todo el año vivido por alumnos, profesores y trabajadores de un colegio, mediante textos y fotos que muestran actividades, ceremonias, sentimientos y emociones. 

Al leer los textos me he dado cuenta de la cantidad de cosas que pueden pasar en un año. Sin danos cuenta, pasan por nuestros ojos 365 días y ya estamos a diciembre, a una semana de la Navidad

No sé a ustedes, pero a mí este año se me pasó particularmente rápido. No sé si es porque trabajo en un colegio y las actividades son muchas (todas las semanas pasa algo distinto y entretenido, que me ha tenido bien entusiasmada), pero siento que los días vuelan y ahora me siento realmente agotada. Creo que éste fue un año intenso. 

Si hago un anuario de mi año podría poner diversas fotos y textos, partiendo por imágenes del Campeonato de Planeadores en el que me tocó trabajar, del viaje a Buzios con el Seba, del concierto de U2 al que fui en marzo, del estrés en la pega que tuve el primer semestre difundiendo en los medios instrumentos musicales, bandas y pescados.

También podría poner en mi anuario imágenes del departamento que arrendé, de los muebles que le incorporé, de mi nuevo trabajo, de la celebración de mi cumpleaños con todos mis seres queridos, de la celebración del cumpleaños de todos mis seres queridos, del paseo al Cajón del Maipo para el 18, de mis sobrinas bailando cueca en su colegio en Fiestas Patrias, de los fines de semana en Santo Domingo o en Con Con.

 Incluiría también el viaje con mis amigas a Ilhabela y mis paseos diarios en bicicleta, con el viento en mi cara y el sol en mi cabeza. Insertaría el fin de semana pasado cuando fuimos con mi pololo y mi familia al campo, a La Gloria, a la casa de mi papá, a pasar un día de relajo, de mucho calor y de cariño.

Podría seguir todo el día incluyendo momentos importantes vividos durante el año, y también situaciones cotidianas, que se viven diariamente, y que tienen igual o más relevancia que las otras. Ir a comprar con mi mamá al mall, reírme y disfrutar con mis sobrinos, conversar con mi papá, escribir en mi blog, echarme con mi pololo a regalonear y ver tele. Sin duda, estos instantes también deberían quedar plasmados en mi anuario personal.

 Y tú, ¿qué pondrías en tu anuario 2011?

Mucha fuerza

Me acabo de enterar hace un rato, que un profesor del Colegio en el que trabajo está muy enfermo y se encuentra grave en el Hospital. La semana pasada supe que estaba con licencia, pero nunca pensé que podría complicarse más de la cuenta. 

Él es un hombre de unos 64 años aproximadamente, muy atento y servicial, con una cordialidad en el trato que yo nunca antes había visto. En mi trabajo me han recibido todos muy bien, pero este profesor en particular ha tenido un grado mayor de acogida conmigo. 

Siempre que me veía me saludaba con mucho cariño y siempre que venía al lugar donde está mi oficina a conversar con alguien más, se tomaba un minuto especial para venir a saludarme, desearme un buen día y contarme algo de su vida o de sus hijos. 

En este poco tiempo que llevo conociéndolo, me llamó mucho la atención su sabiduría y su memoria. Sólo había visto tan buena memoria en mi papá, y me sorprendió ver que él tiene esa misma capacidad de recordar y analizar diversas situaciones con detalles específicos. Siempre que quise saber algo, algún nombre o lo que fuera, el profesor me dio esos datos sin dudar. 

Como no soy familiar ni tan cercana no tengo la posibilidad de ir a verlo. Las visitas son restringidas y para familiares solamente. Tampoco lo puedo llamar por razones obvias, así que no sabía cómo darle mi apoyo y hacerle saber mi preocupación.

Por esto, decidí escribir este post, para enviarle de esta forma, toda la fuerza y el cariño del mundo, esperando que se recupere y esté pronto con nosotros.

Sueños

No sé por qué, pero uno de mis sueños desde chica ha sido poder cantar bien, pararme en un escenario y deslumbrar a todos los presentes con mi potente y penetrante voz. 

Lamentablemente, me cuesta mucho plantarme frente a una audiencia. Me pongo muy nerviosa, me tirita la voz y se me van las ideas. Con los años he aprendido a contener el miedo, y hacer presentaciones frente a un directorio o a un grupo de personas ya no es tan terrible. Pero de sólo imaginarme con un micrófono en mano tratando de cantar y el dolor de guata me invade. 

Desde chica estuve ligada a la música. Aprendí a leer partituras y a tocar flauta muy bien. Desarrollé el oído y podía tocar melodías sin problemas. Pero nunca tuve la posibilidad de desarrollar la voz. Canto como todo ser humano y como tengo buen oído, puedo ser afinada. Pero eso dista mucho de cantar una canción completa frente a un público específico. 

Como no tengo cable en mi nuevo departamento, he tenido que pasar las horas viendo películas y series de Internet. Glee se ha convertido en una de mis favoritas, y como ustedes comprenderán, las ganas por saber cantar se acrecientan cada vez que veo a Rachel Berry cantar y entonar unas notas tan altas sin inmutarse. 

Por el momento, me consuelo viendo la serie una y otra vez, esperando los capítulos nuevos de la tercera temporada y escuchando las canciones cantadas por el elenco en mi Iphone, soñando que soy yo la que entona esas melodías. 

Por qué no toma clases de canto, dirán ustedes. Bueno, el tiempo y la plata para eso son escasos, y el hecho de que mi voz sea evaluada frente a una profesional me da más nervio aún. Así que mientras, para cumplir en un grado mi sueño, junto plata para comprarme un Nintendo Wii y adquirir el Karaoke Revolution Glee, juego que permite cantar los temas de la serie y sentirse una profesional. Y con eso soy feliz.

 ¿Con qué sueños tú acrecentarías tu muchosidad?

Les dejo un regalito, la canción “Don’t stop believin”, interpretada por el elenco de Glee.

¿Los nuevos 20?

Desde que mi grupo cercano y yo estamos en el período del cambio de folio he escuchado muchas veces la frase que dice que los 30 son los nuevos 20. Yo creo que ese dicho se utiliza porque las personas nos sentimos igual de joviales que a los 20 y tenemos muchas posibilidades de pasarlo bien, tal como los que tienen diez años menos. Aparte que la sociedad en sí ha cambiado y antiguamente a los 30 se tenía la vida resuelta, mientras que ahora las posibilidades son infinitas.

Pero independiente de eso, no estoy de acuerdo con esa frase. Para mí los 30 han sido sumamente distintos a los 20 por muchas razones, y ambas edades han tenido sus bendiciones. A los 20 estaba estudiando en la Universidad, participaba de CVX, no tenía pololo por lo que aprovechaba de salir mucho con mis amigas.

A los 20 era una niña que aún no sabía qué le deparaba el futuro, no tenía idea qué quería hacer más adelante, y que sólo pensaba en cómo le iba a ir en la prueba del lunes o dónde sería la próxima reunión de CVX. Era tímida y miedosa y me complicaba mucho arriesgarme. En todo caso, las responsabilidades que tenía no eran muchas y las posibilidades de arriesgarme tampoco.

En 10 años han pasado muchas cosas en mi vida. Comencé mi aventura en la vida laboral, me titulé, me puse a pololear y me fui a vivir sola. Vi sufrir a muchos seres queridos, y yo a su vez, tuve que verme enfrentada a un sinnúmero de injusticias laborales. Pero en el transcurso de los años, conocí a personas maravillosas y fui aprendiendo a enfrentar mis miedos, a manifestar mis inquietudes, a confiar en mí misma, a mejorar como persona y como profesional, y a valorar el trabajo que realizo.

Por todo esto, creo que los 30 no son los nuevos 20, sino que son aún mejores. Una persona de 30 ya no teme enfrentar sus miedos y temores, sino que se para ante la vida con seguridad, confianza y con la experiencia de haber aprendido cosas nuevas, pero también con las ganas de seguir mejorando y cultivando mayores conocimientos y virtudes.

Por lo menos a mí, todo lo que sufrí en mis experiencias laborales me sirvió mucho para aprender, para desafiarme a seguir adelante, a perseverar y a no darme por vencida. Ahora, gracias a eso, tengo la posibilidad de desempeñarme en un muy buen trabajo y hacer lo que me gusta, con las mejores condiciones. Pero no lo podría haber hecho si no hubiera tenido el aprendizaje y sufrimiento previos.

Y bueno, no es menor el hecho de que a los 20 uno no tenía ni un peso, y que los papás nos daban plata para la fotocopia y sería. En cambio a los 30, después de algunos años laborales, uno puede tener la satisfacción de tener un ingreso mensual que permite pagarse sus propias cosas, tener independencia y a la vez darse algunos gustitos.

Así que chiquillos y chiquillas, para los que ya cumplieron 30, disfruten a concho esta etapa que es maravillosa y llena de nuevos desafíos. Y para los que están por cumplirlos, no se asusten ni se sientan viejos. Aprovechen esta edad que es muy entretenida, que trae muchas cosas nuevas y que permite arriesgarse, quererse y llenarse de muchosidad!



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