Archive for the 'Niños' Category

Fue como estar en Río

No sé si les pasa lo mismo que a mí, pero si yo voy a ver películas de monitos, me encanta ir con niños. Son tan entusiastas y alegres que cualquier parte simpática de la historia puede convertirse en carcajadas.

Hace un tiempo fui a ver con mis sobrinos “Río”, que trata de un pajarito brasileño, específicamente un guacamayo, que después de varios acontecimientos termina perdido en una ciudad de Estados Unidos. Para suerte de él, es encontrado por una niñita que lo cuida por años y lo convierte en su mejor amigo. Pero como es un pajarito “casero”, no sabe volar.

Un día cualquiera llega un investigador de pájaros brasileño y le cuenta a la dueña de Blue (así se llamaba el guacamayo) que él era el último macho de su especie y que necesitaba que lo llevara a Brasil para que se cruzara con la última hembra, para que se pudieran preservar. Viajan a Río y ahí comienzan las aventuras.

Como este verano fui a Brasil, ver esta película me hizo recordar muchos momentos entretenidos y varios paisajes preciosos que conocí. Y aunque no fui a Río específicamente, sino que a Buzios, fue como estar ahí, ya que los dibujos son tan reales que es como estar en el Corcovado, y los brasileños que aparecen están tan bien caracterizados que es como estar junto a ellos.

Cuando salimos del cine, mis sobrinos estaban super contentos y comentaban todas las partes que más les habían gustado de la película. Por supuesto que yo después de un rato ya había olvidado todos los nombres de los personajes y las situaciones en las que aparecían.

Dos semanas después de ver Río, llegó otro sobrino a mi casa (sí, tengo muchos sobrinos) con una caja llena de monitos de los personajes de la película. Yo ya no me acordaba de ninguno! Y le pregunté a la Magdalena, y me decía: éste se llama Tal, y este apareció en tal parte. Yo pensé, que al igual que a mí, a ella también se le había olvidado todo, pero no, se acordaba con lujo de detalle de todo lo acontecido en la cinta.

Por lo mismo, y aunque no tenga mucho que ver con la película, nunca le prometan a un niño algo que no puedan cumplir, ya que se acuerdan de todo y te lo van a cobrar conseguirlo!!

Nuestros niños

Con el correr de los años me he hecho seguidora de las teleseries nocturnas de TVN. “Dónde está Elisa” generó una especie de adicción en mí por ver series en la noche, lo que también me creó el hábito de acostarme tarde todos los días y estar muerta de sueño en el trabajo al día siguiente.

“40 y tantos” era entretenida, pero un poco banal. Siento que ridiculizaban algunas situaciones y mostraban lo peor de las personas que tienen esa edad, y no creo que en la realidad sea tan así, sobre todo con gente de clase media y baja. Pero la veía igual y necesitaba saber qué iba a suceder con la tía que estaba enamorada del sobrino, por ejemplo.

Y con “El laberinto de Alicia” me han pasado hartas cosas. Sin lugar a dudas, es una serie entretenida, con mucho suspenso, que te agarra desde el primer capítulo y te deja en ascuas y con muchas ganas de ver el siguiente. Pero además trata un tema que es muy común en la actualidad, pero que no se maneja con la responsabilidad, transparencia y el compromiso con el que se debiera.

Yo tengo muchos sobrinos y sobrinas, y los niños han sido parte de mi vida siempre. Son seres fundamentales para mí y sin ellos me moriría. Me han entregado tantas alegrías que de sólo pensar que algo así les pudiera ocurrir me genera mucha angustia, una pena tremenda y una rabia sin límites.

Debido a esto, creo que es positivo que en el país se hable del tema y que una serie como ésta haga que se tomen todas las precauciones del caso, tanto en los colegios como en los hogares, para que nuestros niños no tengan que sufrir un abuso de este tipo, que al final no tiene vuelta atrás.

Y que, tal como aparece en el programa, es fundamental que estemos atentos siempre al comportamiento de nuestros niños, que al final son los nos pueden hacer saber de forma certera si les está pasando algo o no. Fijarnos si están más callados, si son más esquivos, si comienzan a tener miedo sin un motivo aparente, si andan más sensibles o simplemente si están comportándose de manera diferente a como lo hacen siempre.

Somos quienes más los conocemos y con quienes tienen mayor cercanía, por lo que está en nosotros mismos acompañarlos, darles toda la confianza del mundo, hacerles sentir que son lo más importante para nosotros y hacerles saber que los defenderemos con garras y uñas de cualquier adversidad.

Pasó el Viejito!

El otro día conversábamos que es mucho más entretenido pasar una Navidad con niños que entre puros adultos. Son ellos los que le dan la emoción y alegría a ese momento especial en que nace el niño Jesús y que lo celebramos entregándonos regalos entre los seres queridos.

En mi casa no nos hacemos regalos entre los adultos, salvo cuando mi mamá rompe el pacto y nos compra algún engañito. Pero nuestro objetivo es no materializar la fecha, sobre todo porque mi familia es grande y no hay bolsillo que aguante. Por lo mismo, sólo le hacemos regalos a los niños.

Este año, pasamos la Navidad con los tres hijos chicos de mi hermana. Primero fuimos a misa, y pese a que fue una ceremonia más larga de lo normal, se portaron muy bien. Cantaron todos los villancicos y aplaudieron al son de las melodías. Al final ya se caían de sueño, pero aguantaron porque sabían que pronto podrían abrir los regalos en la casa.

Llegamos a la casa y comimos todos juntos en familia. Los niños lo único que hacían era ver el reloj y contaban los minutos para que fueran las 12. Ninguno pidió ningún regalo muy aparatoso, salvo unos monos que están de moda ahora que se llaman Zhu Zhu Pets, que son como hamsters que hablan y caminan.

Bueno, cuando el palito marcó las 12 de la noche, con otro sobrino mío de 17 años y mi papá, sacamos a los niños a dar una vuelta a la manzana, para ver si encontrábamos al Viejito Pascuero. Es increíble la imaginación y la inocencia de los niños. Veíamos una luz roja y de inmediato creían que era este caballero que reparte regalos. Después de caminar muy emocionados y de decirles que quizá ya había pasado por la casa, tomamos el rumbo de vuelta.

Cuando llegamos a la casa, mi otra sobrina de 21 años gritó con una muy buena cara de actriz que había pasado el Viejito Pascuero, pero que justo se había ido y que había dejado muchos regalos para todos. La carita de mis sobrinos desbordaba de emoción y su alegría fue tan espontánea y real que todos nos emocionamos.

Les llegaron regalos muy lindos. Unas muñecas, un autito a control remoto, un camión y un set de princesas, fueron algunos de los presentes. Y por supuesto, recibieron los esperados Zhu Zhu Pets.

Los invito a sentirse un poco como los niños, a sorprenderse con las cosas simples de la vida, a emocionarse y a creer.

Respira y rejálate

El estrés diario a veces nos sobrepasa. Los contratiempos en el trabajo, los problemas domésticos, los atochamientos en las calles, el aglutinamiento en el metro, el cansancio y el poco tiempo libre nos agobia. A veces no encontramos la salida frente a tanto infortunio.

Y también existen épocas en la vida, en el trabajo y en el año en que estamos a full, sin tener para comer, almorzar o para compartir con nuestras familias. Acabo de pasar por una etapa de ese estilo. En mi agencia trabajamos para un proyecto muy importante a nivel nacional, una feria automotriz que congrega a muchas marcas y medios de comunicación.

Cuando aún no comenzaba la actividad, sentíamos que la fecha de inauguración del evento se aproximaba a pasos agigantados, y con eso también se acercaban miles de cosas por hacer, levantadas ultra temprano y acostadas muy tarde, tareas de último minuto, llamadas telefónicas multiplicadas por mil, y el conocido y familiar estrés.

De sólo pensar en lo que se venía me comenzaba la angustia y el dolor de estómago. El dolor de cabeza también se apoderaba de mi cerebro y terminé soñando con las cosas que me quedan por hacer.

Cuando nos sucede esto creo que debemos intentar tener el valor suficiente para decir: Alto. Sino, toda la adversidad puede desembocar en algo peor. Simples dolores de estómago y jaquecas se pueden convertir a la larga en enfermedades más graves como colon irritable, hipertensión, aneurismas e infartos cardíacos.

El momento de la inauguración del evento, como todo en la vida, tenía que llegar, acompañado de muchas cosas que hacer, de estar atenta a cualquier requerimiento y de hacerlo todo con la mayor de las sonrisas y el mejor ánimo. Pero aprendí que no vale la pena destruirse ni desvivirse porque todo salga perfecto, ya que nada en esta vida lo es. Lo mejor es tranquilizarse, respirar hasta diez y pensar seriamente si es necesario estresarse tanto por algo que a la larga no tiene mayor relevancia.

Mi sabia sobrina, cuando era más chica, le dijo a su mamá una frase muy sabia cuando recibía un reto bien merecido: “Mamá, respira y rejálate”. Creo que es una enseñanza para todos quienes vivimos en el paralelismo y necesitamos parar y recuperar nuestra muchosidad.

Sinceridad

Una vez más tomaré el ejemplo de uno de nuestros maestros en muchosidad, los niños. Ellos siempre dicen lo que piensan y no temen herir los sentimientos de nadie, porque para ellos lo más importante es ser honestos y decir siempre la verdad.

Una de mis tantas sobrinas pequeñas, la Nena, tiene una gran cualidad. Además de ser extrovertida, alegre, coqueta y sociable, no tiene pelos en la lengua. Si quiere decir algo lo dice, y aunque pueda afectar el ego de algunas personas, es tan chistosa que uno termina riéndose y aprendiendo de su honestidad.

El otro día la Nena iba con una compañerita de su colegio y con la mamá de ella, en el turno de regreso a la casa. En el trayecto, la mamá llamó a su marido por celular con discado por voz y dijo: “Gordito”. La Nena se rió y comentó: Qué mala, ¿por qué le dices gordito? Porque es un poco gordito, añadió la mamá de la compañerita. “Es un poco más que gordito”, dijo entre risas la enana.

Al terminar la conversación con su marido, la señora le dice: “Chao, beso”. “Ohhhhhhhhhh le dijo obesoo, que mala le dijo obeso”, malentendió la Nena. Su compañerita le pregunta: “¿qué es obeso?” Es mucho más que gordito, le explica la Nena. A la mamá lo único que le quedó por hacer fue reírse y disfrutar de la espontaneidad y gracia de la pequeña.

Claramente, éste es un ejemplo drástico y obviamente no podemos ir por la vida diciéndole a la gente que está gorda, pero si en ocasiones dijéramos lo que pensamos estaríamos más tranquilos y relajados y podríamos reírnos hasta de nosotros mismos, porque a la larga, ésa es la mejor medicina: la risa.

A jugar, a jugar

Los niños son individuos que saben mostrar al mundo su muchosidad interior. La tienen a flor de piel y no temen hacer el ridículo ni equivocarse, porque a ellos lo que les interesa es divertirse y descubrir cosas nuevas. Son nuestros mejores maestros.

Cuando uno juega con un niño se asombra de la creatividad que ellos tienen de transformar un simple objeto en un elemento de gran valor, de crear castillos con sólo un par de sillas o de convertir el patio de la casa en un bosque tenebroso.

Sus temores son totalmente diferentes a los que tenemos los adultos. Nosotros nos aterrorizamos si alguien nos apunta y dice que lo que hacemos está mal. Tememos darnos cuenta que nos equivocamos y a muchos nos es muy difícil aceptar críticas. Pero los niños se asustan si ven una película de terror, si se dan cuenta que se perdieron y no encuentran a su mamá o si los retan porque cometieron una travesura.

Yo tengo la suerte de tener muchos niños en mi vida. Mis sobrinos y sobrinas me muestran diariamente su muchosidad y me recalcan que lo importante es reírse, jugar de manera creativa y disfrutar. Los adultos nos preocupamos de que la casa esté limpia, de que no se rompa nada, pero a la larga eso da lo mismo.

Las risas de los niños son tan especiales, vienen desde el alma y son cien por ciento reales. Nunca se van a reír si no lo sienten. Si se ríen es porque algo les causó mucha gracia y necesitan expresarlo en su máxima expresión.

Los invito a jugar más con los niños de sus familias, a contagiarse con esas risas pícaras y sinceras, a abrazarlos y entender que ellos necesitan expresar su muchosidad. Vayan con ellos a la plaza y revuélquense por el pasto hasta quedar mareados; jueguen a las carreras y corran lo más rápido posible, hasta que les de puntada en el costado; canten en voz alta junto con ellos hasta gritar, y por sobre todo, contágiense con su energía infinita.



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