Archivo para 29 julio 2010

Ayudarse para servir

Por lo menos a mí, desde chica, tanto en mi casa como en el colegio, me enseñaron la importancia del servicio y del apoyo al prójimo. Que era fundamental ayudar siempre que estuviera en nuestras manos a quienes nos rodeaban, era la premisa. Esto me quedó grabado, sobre todo porque me duele mucho ver sufrir a la gente que quiero e intento ayudarlos cuando puedo.

Sin embargo, creo que es muy importante saber que para poder ayudar de la mejor manera al resto es necesario que nosotros interna y externamente estemos bien. Eso nunca nos lo enseñan, pero sin nuestro bienestar es imposible transmitir alegría y asistencia a los demás.

Desde aspectos banales hasta situaciones más espirituales, es necesario conocernos, escuchar nuestras inquietudes y resolver nuestros problemas, para estar íntegramente atentos para acompañar a nuestra familia, amigos y conocidos.

En mi caso, en muchas oportunidades me guardo lo que siento y trato de no pensar en ello hasta que desaparezca. Pero nunca se desvanece, sino que crece hasta que, en algún momento, explota. Por lo mismo, he aprendido a lo largo de los años a desahogar mis penas de distintas maneras. A veces las escribo y otras solamente lloro con mi pololo que me consuela y comprende. Una vez que se botan esos sentimientos, es mucho más fácil salir adelante, pararse y posteriormente ser útil para la sociedad.

Asimismo, también es fundamental cuidar nuestro organismo y no dejarnos estar. Hacernos chequeos médicos anuales y cuidarnos es algo que no debiéramos dejar pasar. Por ejemplo, yo no iba al dentista hace unos cuatro años. Sí, es un descuido, lo sé, pero me daba mucho nervio ir después de haber pasado en el dentista tantos años de mi vida (tuve frenillos por tres años, por lo que tenía que ir casi que todas las semanas al ortodoncista). Bueno, pero finalmente me decidí y no fue tan terrible. Gracias a Dios que no me encontraron caries y sólo me hicieron una profunda limpieza.

Los invito a cuidarse, a preocuparse por ustedes mismos. Si están mal, tienen pena y necesitan llorar, busquen a alguien de confianza con quien puedan desahogarse. O sino, busquen la mejor forma de hacerlo. Para mí ha sido la escritura, pero para otros puede ser a través de la música, el canto, el deporte u otro medio.

Lo importante es salir adelante después de los problemas, aprender de lo que nos manda Dios y utilizar nuestras experiencias para ayudar al prójimo.

Les dejo una canción que a mí siempre me sube el ánimo 😀

La tranquilidad del almuerzo

Hace seis meses para mí era imposible tener un almuerzo agradable y tranquilo. En mi antiguo lugar de trabajo no teníamos dónde almorzar, no teníamos microondas, no podíamos comer cosas calientes y que dieran olor y había un refrigerador, pero su uso estaba PROHIBIDO.

Debíamos ir a un pasto que quedaba en un lugar aledaño y comer en el suelo nuestra comida fría. Y si para mala suerte nuestra se les ocurría regar, nos quedábamos sin lugar para comer.

El horario era cosa aparte. No podíamos demorar ni un segundo más, porque a la vuelta tendríamos en nuestras casillas de correo un muy desagradable mail con letras en rojita, negrita, cursiva y mayúscula, que nos enrostraría nuestra falta de puntualidad.

Si uno se juntaba con alguien a almorzar en los onerosos lugares que había en la cercanía, había que tragar rápidamente la comida y apurar al mozo para que no demorara ni un minuto más de lo debido, ya que debíamos estar de vuelta a la brevedad. Como ven, todo un agrado.

Pero desde que soy libre y trabajo en un lugar en el que se preocupan por el bienestar de las personas, he podido aprovechar los almuerzos y disfrutarlos en tranquilidad. Me junto con mis amigas, salgo a comprar. Todo esto sin mirar a cada rato el reloj.

Hoy por ejemplo, me junté con mi lindo pololo y fuimos a un Subway que queda cerquita a almorzar juntitos. Sin apuro ni estrés, sino que aprovechando el momento y disfrutando.

Me encanta saber que puedo comer tranquila, saborear cada bocado, disfrutar de una entretenida conversación, copuchar, reír y hasta regalonear un rato. Los invito a aprovechar los momentos simples del día y convertirlos en algo especial.

Abriguemos nuestra muchosidad

Enfrentémoslo. No hay nada más desagradable en la vida que estar resfriado. La nariz no para, y no hay paquete de pañuelitos que aguante. La garganta nos duele como si alguien nos estuviera ahorcando y ni el propóleo ni los jarabes son suficientes para tranquilizar el dolor. La cabeza nos va a estallar y sentimos escalofríos por todas partes.

Lo peor es cuando uno no tiene fiebre, porque aunque uno se quiera morir, debemos seguir realizando nuestras labores diarias, gangosos, congelados y como estropajo. Y claro, esta denominada “Ola Polar”, tampoco ayuda mucho en la mejoría de la enfermedad. Si nos sentíamos un poco mejor, eso desaparece al momento de salir a la calle y sentir el gélido viento en nuestra cara, y ni la parca de plumas, los guantes ni la bufanda de lana son suficientes para capear el frío.

Gastamos un montón de plata en tapsin día y noche, en descongestionantes, en pastillas para la garganta, en pañuelitos deshechables, en vitamina C, entre otros elementos, y a veces sentimos que el dinero invertido no sirvió para nada, porque el resfrío no quiere abandonar nuestro organismo.

Cuando nos sentimos así de mal es imposible mostrar nuestra muchosidad al mundo. Sólo tenemos ganas de estar acostados, calentitos con un guatero y con una gran limonada caliente que nos ayude a descongestionar nuestra nariz. Si hasta el resto de las personas a veces quiere estar lejos nuestro porque no se quiere contagiar…

Por lo mismo, para mejorarnos y poder mostrar nuestra muchosidad en plenitud, les recomiendo abrigarse mucho, ya que el frío no tiene piedad; tomar harto tapsín caliente que sirve mucho para descongestionarse; descansar y tratar de acostarse temprano en una cama calentita, y lo más importante, dejarse querer, cuidar y regalonear por quienes los rodean, ése es el mejor remedio.

Juguete regalón

Cuando nací mi hermana mayor me regaló un osito de peluche. Era rosado y, en ese entonces, era de mi tamaño. Crecí junto con él y lo recuerdo desde que tengo uso de razón. Incluso, cuando estaba en Kinder, para la celebración del Día de San Francisco de Asis, teníamos que llevar nuestras mascotas para que las bautizaran, y como yo aún no tenía una llevé mi osito rosado, que recibió el agua bendita y la gracia divina.

Con los años y el uso fue perdiendo su color original, sus ojos, que fueron reemplazados por botones, y su suavidad. Pero eso no importaba, seguía siendo mi osito, mi amigo, mi compañero. Lamentablemente, con la premura diaria, cambios en la casa y situaciones anexas, se perdió y nunca más supe de él.

No me había acordado de él sino hasta ayer cuando fui con mis sobrinos chicos, mi mamá, mi hermana y mi pololo a ver Toy Story 3. En la película, el protagonista se apronta a ir a la universidad y debe decidir qué hacer con sus juguetes regalones.

La cinta no sólo es emotiva por el hecho de que Andy crece y debe desprenderse de esos símbolos de su niñez, sino que también es muy graciosa y contiene los elementos de suspenso necesarios para que hasta un adulto permanezca pendiente hasta el último minuto del desenlace de la historia.

Los personajes nuevos como Barbie y Ken añaden toques de humor claves en la historia y los juguetes antiguos, como es el caso de la pareja de caras de papas, el dinosaurio, Buzz y Woody, siguen tan fieles y leales a su dueño que emocionan y nos hace pensar si es que nuestros juguetes de niñez nos extrañarán tanto como a Andy.

¿Qué pensará mi osito rosado de mi abandono y mi olvido? Creo que me haré un tiempo para buscarlo y desenterrarlo. Él me acompañó durante muchos años, fue protagonista de muchas aventuras y no es justo para él que ahora esté perdido entre los cachureos de mi casa.

Los invito hoy a recordar su juguete regalón, a pensar en todos los momentos felices que nos dieron y en todas las historias que inventamos junto con ellos. Si no saben dónde está, búsquenlo y consérvenlo, o mejor aún, encuentren un niño o niña que lo quiera y cuide.

Pan con mantequilla

 

Muchas veces nos convencemos de que necesitamos algo y no descansamos hasta conseguirlo. Una polera, unos pantalones, una bicicleta, un auto, un celular. Son cosas que creemos imprescindibles, pero que a la larga podemos perfectamente vivir sin ellas.

Nuestra mente nos juega malas pasadas y nos convencemos tan fuertemente que necesitamos ese objeto, que no nos percatamos de las cosas que tenemos y de los simples y buenos momentos de la vida que podemos disfrutar.

Aunque en estos días he estado bien obsesionada por comprarme un iphone, aún no me convenzo por lo caro que es y por el despilfarro de plata que significa. No es algo necesario para la vida, sino que más bien es un lujo, entretenido, pero un lujo al fin y al cabo.

Puedo vivir perfectamente sin un iphone, pero sé que yo no podría vivir sin comerme todos los días un pan tostado con mantequilla. No es un lujo ni nada ostentoso, sino que todo lo contrario, pero me hace tan feliz el momento en que llego a la casa, meto el pan al tostador, y cuando salta, le esparzo la mantequilla por todos lados. Es algo que disfruto y que me hace feliz.

Creo que ese es el punto, no volvernos locos generando necesidades que no existen, sino que disfrutar lo que tenemos cada día. Los invito a todos a buscar su pan con mantequilla en sus vidas y a disfrutarlo a concho!!.

Vamos a hacer deporte!

Aunque nos de lata y prefiramos quedarnos en la casa calentitos, el deporte es, sin lugar a dudas, el mejor aliado a la hora de llenarnos de muchosidad. Sobre todo en esta época en que uno se bajonea de sólo mirar por la ventana y ver que los días son sumamente oscuros y que el frío cala los huesos, es fundamental mantenerse activos.

No es que yo sea el mejor ejemplo, claramente soy todo lo contrario. Pero es bueno darse ánimo con este tipo de actividades, que a la larga lo único que traen son beneficios para la mente y el organismo.

Según un reciente estudio estadounidense, el ejercicio sería una gran herramienta para combatir la depresión. Eso es muy cierto, ya que, si estamos quietos, inactivos, pensamos más, nos enrollamos y finalmente terminamos más bajoneados y angustiados que antes. Por lo tanto, es fundamental activarse, moverse y ejercitarse, de la forma en que a uno más le acomode.

Tal como dice Elle Woods en “Legalmente Rubia”, “el ejercicio produce endorfinas y las endorfinas te hacen feliz, la gente feliz no le dispara a sus maridos”. Personalmente, a mí me ha ocurrido eso cuando los fines de semana salgo junto a mi pololo a andar en bici. Además de ser una actividad que podemos realizar juntos, estamos rodeados de naturaleza, nos oxigenamos y ejercitamos. Tras la rutina nos sentimos más limpios y con más ganas de vivir. Incluso nos permite concentrarnos mejor, pensar de manera más certera y mejorar nuestra calidad de sueño.

Los invito a descubrir su deporte, de acuerdo a sus posibilidades, su bolsillo y sus gustos personales. En la actualidad no es necesario encerrarse en un gimnasio a trotar mirando la pared, sino que existen muchas opciones para todos: clases de baile, zumba, yoga, Pilates, hidrogimnasia, entre otras. Incluso las plazas incluyen máquinas para que los trotadores pasen por ahí y puedan hacer ejercicios localizados.

También aprovechen el momento de compartir con sus seres queridos. He descubierto que es mucho más entretenido y motivante hacer deporte junto a alguien. Los padres pueden salir con sus hijos e incentivarles desde pequeños el amor por el deporte, o con las amigas con quienes se puede copuchar mientras se ejercita, o con el o la polol@, quien nos dará apoyo moral y compañía.

Les dejo este video de Queen, para que se motiven a salir y andar en bicicleta por la ciudad.

Un día especial

La sensación de sentirnos queridos, saludados y recordados por todos nuestros seres queridos y conocidos se da en su máxima expresión una vez al año: en el cumpleaños. Es un día en que se comienza una nueva etapa, en que es permitido soñar y desear cosas buenas para uno y para el resto.

Es un día en que uno se llena de buenas vibras y se siente que todo puede ser mejor. Todos te regalonean y tratan de hacer de este día algo muy especial. Por lo tanto, en nuestro cumpleaños es un deber aprovechar cada minuto del día, no dejarnos abatir por problemas cotidianos y dejarse querer por todos los que nos rodean.

Algunos se complican cuando se percatan de que los años llegan y cada día nos estamos poniendo un poquito más viejos. Sin embargo, el tema de la edad y de las crisis que se generan al cambiar de década son solamente traumas sociales que se deben vencer. Cada edad tiene su encanto y su razón de ser, como dice mi mamá, y hay que aprovecharlas a concho.

Para mí, éste es mi día especial del año y trataré de aprovecharlo al máximo. Me he sentido muy querida por las personas que me rodean y hoy voy a pedir muchos deseos, ya que la muchosidad de este día se vive sólo una vez al año.