Ayudarse para servir

Por lo menos a mí, desde chica, tanto en mi casa como en el colegio, me enseñaron la importancia del servicio y del apoyo al prójimo. Que era fundamental ayudar siempre que estuviera en nuestras manos a quienes nos rodeaban, era la premisa. Esto me quedó grabado, sobre todo porque me duele mucho ver sufrir a la gente que quiero e intento ayudarlos cuando puedo.

Sin embargo, creo que es muy importante saber que para poder ayudar de la mejor manera al resto es necesario que nosotros interna y externamente estemos bien. Eso nunca nos lo enseñan, pero sin nuestro bienestar es imposible transmitir alegría y asistencia a los demás.

Desde aspectos banales hasta situaciones más espirituales, es necesario conocernos, escuchar nuestras inquietudes y resolver nuestros problemas, para estar íntegramente atentos para acompañar a nuestra familia, amigos y conocidos.

En mi caso, en muchas oportunidades me guardo lo que siento y trato de no pensar en ello hasta que desaparezca. Pero nunca se desvanece, sino que crece hasta que, en algún momento, explota. Por lo mismo, he aprendido a lo largo de los años a desahogar mis penas de distintas maneras. A veces las escribo y otras solamente lloro con mi pololo que me consuela y comprende. Una vez que se botan esos sentimientos, es mucho más fácil salir adelante, pararse y posteriormente ser útil para la sociedad.

Asimismo, también es fundamental cuidar nuestro organismo y no dejarnos estar. Hacernos chequeos médicos anuales y cuidarnos es algo que no debiéramos dejar pasar. Por ejemplo, yo no iba al dentista hace unos cuatro años. Sí, es un descuido, lo sé, pero me daba mucho nervio ir después de haber pasado en el dentista tantos años de mi vida (tuve frenillos por tres años, por lo que tenía que ir casi que todas las semanas al ortodoncista). Bueno, pero finalmente me decidí y no fue tan terrible. Gracias a Dios que no me encontraron caries y sólo me hicieron una profunda limpieza.

Los invito a cuidarse, a preocuparse por ustedes mismos. Si están mal, tienen pena y necesitan llorar, busquen a alguien de confianza con quien puedan desahogarse. O sino, busquen la mejor forma de hacerlo. Para mí ha sido la escritura, pero para otros puede ser a través de la música, el canto, el deporte u otro medio.

Lo importante es salir adelante después de los problemas, aprender de lo que nos manda Dios y utilizar nuestras experiencias para ayudar al prójimo.

Les dejo una canción que a mí siempre me sube el ánimo 😀

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