Archivo para 24 agosto 2010

Todos los perritos se van al Cielo

Cuando chica tuve algunas mascotas, pero en algún momento de la vida mis papás me decían que los pollitos, o el gato o mi conejito se habían ido al campo a vivir más felices. En ese minuto yo me ponía triste porque los iba a extrañar, pero sabía que era lo mejor para ellos. Ahora sé que eran puras mentiras, que a la larga o se habían perdido o muerto.

Debido a esto, nunca sentí a ciencia cierta la pena de perder a una mascota querida. Nunca hasta ayer. El perrito de mi pololo, un lindo y juguetón sharpei, fue atropellado el domingo en la noche.

Llegó chiquitito a la casa, era gordito, lleno de rollos y muy indefenso. Lloraba toda la noche y tenían que cuidarlo como a una guagua, abrigarlo y hacerlo dormir con un peluche y un guatero, para que no se sintiera solo. Me acuerdo que caminaba dos pasos y se echaba al suelo. ¡Era tan chiquitito que cabía en el antebrazo!

Luego fue creciendo y se hizo cada vez más juguetón. Aprendió a ir a buscar las pelotas que se le tiraban, a subirse a la mesa del patio, a jugar con su botellita de hule, a abrigarse con su mantita cuando hacía frío, a comerse el jamón que alguien dejaba encima y a abrir la reja con su patita.

Mayky era un miembro más de la familia y la alegría de la casa. Le encantaba estar en medio de las reuniones sociales o de las sobremesas. Si tenía pena o frío subía al segundo piso y se acostaba junto a sus amas, a quienes quería más que a nadie.

Me acuerdo muy bien que en muchas ocasiones, con mi pololo nos poníamos a ver una película en el living, y él saltaba y se instalaba en el medio. O cuando hacía mucho frío, se sentaba encima de nuestros zapatos, porque el piso era muy helado para él. Incluso llegar a la casa era tan lindo porque él siempre recibía al que arribaba con saltos de alegría.

Aunque algunos no lo creen, yo estoy segura de que Mayky ahora está en el Cielo de los perritos, mirándonos y cuidándonos. Tengo la certeza de que eso que dicen que los animales no tienen sentimientos es mentira. Es imposible. Si se emocionan, tienen pena, rabia, y sienten mucho amor por quienes los cuidan.

Los invito a aprovechar a sus mascotas, a entregarles todo el amor del mundo y a atiborrarse de su muchosidad.

Nunca dejes de creer

El poder de la fe es increíble. Siempre lo he sabido, pero a veces el mal espíritu me juega malas pasadas y no siempre creo con la fuerza suficiente que todo vaya a estar bien.

De todas formas, varias personas en el transcurso de mi vida me han enseñado que si uno le pide a Dios con todas sus fuerzas algo que necesite, con la convicción de que se hará realidad, finalmente el Señor cumplirá lo que solicitamos, siempre y cuando sea lo mejor para nosotros y lo que Él tenga pronosticado para nuestro bienestar.

Después de aprender ese dogma tan importante lo he tratado de llevar a cabo en mi vida. Cuando he estado aproblemada o he querido llevar a cabo un gran cambio en mi vida, me encomiendo a Dios, le pido que por favor salga todo bien, y de una u otra manera, aunque no tenga el suficiente convencimiento, todo desemboca en algo bueno.

El milagro que todo el país vivió ayer con los 33 mineros desaparecidos es una lección de fe para todos. Todas esas madres, padres, herman@s, hij@s, señoras nunca perdieron la fe de que al final se reencontrarían con sus seres queridos, de que Dios los mantendría con vida para que pudieran volver junto a su familia.

Muchos dejamos de creer, pensamos que el desastre era tan grande que los trabajadores no iban a poder sobrevivir. Todos los intentos por rescatarlos eran en vano y hasta las autoridades en algún momento perdieron la esperanza de encontrar con vida a estos 33 valientes hombres.

Pero, a pesar de las adversidades, no debemos dejar de creer que todo será mejor, que Dios nos tiene preparado un camino especial a cada uno, y que si pedimos con todas nuestras fuerzas y la convicción de que se hará la voluntad de Él, finalmente todo será mejor.

Los invito a aumentar su muchosidad, a no perder la esperanza, a tener fe infinita y a creer.

That special someone

Es increíble cómo pasa el tiempo. Desde que uno conoce a esa persona especial, llega el enamoramiento y luego el amor, el tiempo vuela, sobre todo por las múltiples emociones que se viven, la alegría, el nerviosismo y la felicidad.

Yo llevo cuatro años al lado de la persona especial que Dios me envió y siento que fue tan sólo ayer cuando comenzó esta aventura. Recuerdo con clara nitidez cuando chateábamos todo el día en el trabajo y nos contábamos nuestros problemas y estreses laborales, cuando a mí me costó un mundo invitarlo a un matrimonio, o cuando llegó de sorpresa a un carrete, a pesar de estar muerto de sueño, sólo para estar conmigo.

Me siento muy bendecida por estos maravillosos cuatro años. Nos hemos conocido, hemos aprendido a querer los defectos y virtudes de los dos, y nos hemos acompañado en tristezas y alegrías.  Agradezco a Dios por ponerlo en mi camino. Quizá suene sumiso, pero no sé cómo viví antes sin él.

Todos tenemos a alguien especial en nuestras vidas. Puede ser un hermano, un amigo, un hijo, un padre, un tío o la pareja. Y si no lo tenemos aún, llegará en algún momento alguien en quien se pueda confiar a ojos cerrados, que escuche cada uno de nuestros problemas, que nos acoja y consuele en momentos de dolor, y que ría hasta llorar con nuestras tonteras.

Los invito a buscar a ese alguien especial en sus vidas, y si ya lo tienen, agradézcanle que esté siempre a su lado de manera incondicional y aprovechen al máximo su muchosidad.