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Muchos fuegos artificiales, efectos supersónicos, hologramas de Condorito, conciertos varios, la famosa cápsula, espectáculos en vivo, fondas por todos lados y banderas tricolores que tapizaron el país, fueron la tónica de este Bicentenario y por lo que quizá sea recordado por muchos.

Pero yo recordaré esta celebración como un momento especial para compartir con mi familia, amigos y seres queridos. Estas Fiestas Patrias, para mí, no estuvieron cargadas de humo, ni de anticuchos, ni de zapateo, ni de cumbias y reaggeton, pero sí de volantines, rayuela, conversación, risas, mucha comida y muchosidad.

Mi celebración propiamente tal partió el miércoles con un rico almuerzo con mis compañeras de trabajo. Lamentablemente algo me cayó mal -creo que fue el pisco sour- y al final me quería morir. Mi color cambió rotundamente, mis mejillas estaban rosadas y tras mi malestar se volvieron pálidas, tiradas para verdes. Pero eso fue un detalle, porque todo estuvo rico y entretenido.

El viernes, con un grupo de amigos, fuimos rumbo al Cajón del Maipo, específicamente, a La Cascada de las Ánimas. El asado estuvo exquisito y el postre aún mejor (un pie de limón que hicimos con mi pololo, que estaba terrorífico). Algunos se tiraron en tirolesa y otros hicimos una caminata a la cascada. Disfrutamos al máximo y aprovechamos de compartir entre nosotros con un lindo paisaje de fondo.

Al día siguiente, para celebrar el Bicentenario, mi hermano nos invitó a su casa a un asado, que contaba con decoraciones propias de la fecha y juegos típicos: él se esforzó e hizo una cancha de rayuela (o como se diga) con tejos sofisticados y con un rico asado en familia. La música también daba un gran toque al ambiente, salvo cuando mis sobrinos adolescentes trataban de sabotearla, cambiándola para poner speed metal y canciones alternativas.

El domingo 19, como todos los años, en mi casa se preparan para ver la Parada Militar, lo que a mí no me entusiasma ni un poco, pero trato de compartir con ellos hasta que el sueño me gane. Con otro asado en el cuerpo, y esta vez con mis tías, almorzamos, reímos, comimos y vimos el famoso desfile. El discurso fue un poco largo, pero la marcha de un representante de cada sector, profesión y segmento del país fue algo muy lindo y emocionante.

Los dos días posteriores compartí con mi pololo y aprovechamos de descansar. Fuimos a la Semana de la Chilenidad, pero estaba tan lleno que al final nos quedamos un ratito solamente. Eso sí que disfrutamos de un gran churro relleno con manjar que nos chorrió hasta el codo. Y para finalizar este gran fin de semana, fuimos los dos a tomarnos un heladito, tranquilos, disfrutando de la llegada de la primavera, del compartir y de la muchosidad del ambiente nacional.

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1 Response to “Compartir”


  1. 1 Vero octubre 2, 2010 en 10:13 pm

    Nuestra madre, nuestra referente más importante.
    No es fácil verla vulnerable. Duele verla sufrir en silencio, sin llamar la atención, para no complicar al resto. Ella es así… siempre dispuesta a ser el soporte, incluso cuando su salud se vuelve frágil.
    Estoy tan orgullosa de nuestra madre… su valentía e inquebrantable persistencia me conmueven.

    Hoy he dado gracias, cuando la vi caminando sola sin pedir ayuda, porque ella es de las que no se rinde… y gracias a ella, nosotros tampoco.


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