Archivo para 7 octubre 2010

Autoconocimiento

Para poder compartir nuestra muchosidad con el mundo y ser seres humanos íntegros y generosos, es sumamente importante conocerse, saber cuáles son nuestras virtudes para potenciarlas y también nuestras debilidades, para aminorarlas y sacar a relucir nuestra esencia.

Suena muy fácil, pero claramente es un proceso difícil que requiere tiempo, reflexión, y en algunos casos ayuda externa. Esto porque es fuerte reconocer nuestros defectos, es doloroso darse cuenta de que uno suele dañar al resto con actitudes inconscientes, pero que son hirientes y nocivas.

Hace aproximadamente un mes un amigo me invitó a un taller que él dicta sobre Eneagrama, una herramienta psicológica que ayuda al autoconocimiento, que plantea que en el mundo existen nueve tipos de personalidades o Eneatipos y que cada ser humano se puede identificar con una en particular.

De acuerdo al Eneagrama, cada persona nace pura y limpia, con una esencia característica. Cuando somos guaguas estamos en la plenitud y no contamos con agentes externos que nos generen dolores, miedos o manías. Pero cuando crecemos, nuestro marco de referencia va incorporando en nosotros temores, desequilibrios y carencias emotivas. Esto es lo que finalmente va formando nuestra personalidad.

Cada número es diferente al resto y tiene sus propias características que lo hacen único. En un comienzo uno puede decir que es imposible que uno se pueda encasillar en una sola personalidad, pero es impresionante cómo todas las características van calzando a medida que uno se va conociendo y descubriendo.

Por ejemplo, yo soy 6, una persona de esencia leal, confiable y responsable, pero que enmarca su vida en el miedo y el temor. Esto último hace que además la angustia y la culpabilidad se hagan muy presentes en la personalidad. Pero al ir reconociendo y aceptando estas cosas en mí, tengo fe de que en el futuro mi esencia salga a flote y pueda perdonar mis miedos.

Hoy es mi última sesión de Eneagrama. Por un lado me da pena que ya los viernes no voy a tener este espacio de desconexión, de conocimiento y de aprendizaje, pero por otro lado estoy contenta por lo que sé que me ha servido, por lo que me he podido conocer y por las ganas que han surgido en mí de mejorar.

Los invito a autoconocerse, a descubrir no sólo las virtudes en ustedes, sino también los defectos y debilidades. Es la forma más fácil de quererse tal cuál uno es, pero también de intentar sacar a brillar nuestra muchosidad.

Para los interesados, el taller se lleva a cabo en el Centro Huellas.

Caja de chocolates

Siempre he escuchado que las cosas malas llegan todas juntas. Enfermedades, problemas monetarios, peleas, conflictos laborales o enredos familiares. La mayoría de las veces suelen venir todos juntos y sin previo aviso.

Pero también he escuchado muchas veces que Dios nunca nos envía situaciones ni pesares que no podamos soportar. Por lo mismo, he tratado de pensar que cada vez que una prueba difícil llega a mi vida es porque Dios quiso que sucediera y es para aprender, crecer y sacar algo en limpio.

Muchas veces en mi vida he vivido momentos así y me pregunto por qué todo llega en el mismo instante, por qué justo la nubecita está sobre mío y no para de llover en un buen rato. Pero después me sorprendo de cómo con el tiempo se van solucionando las cosas y finalmente, me doy cuenta de su razón de ser y del plan que Dios tiene para cada uno.

Y así como se juntan las cosas malas, también he vivido períodos en mi vida en que muchas situaciones buenas llegan y me siento bendecida y feliz. Es bastante extraño el fenómeno, pero creo que no soy la única a la que le ha sucedido que en una etapa justo llegan diversas bendiciones, como oportunidades laborales, nuevas amistades, nuevos amores, nuevos proyectos.

¿Se acuerdan de la película Forest Gump? La mamá de Forest era una mujer muy sabia y siempre le hablaba al protagonista de manera que él, con sus carencias, pudiera entender. Forest decía: “My momma always said, ‘Life was like a box of chocolates. You never know what you’re gonna get’” (Mi mamá decía que la vida era como una caja de chocolates. Tú nunca sabes lo que te va a tocar).

Sin dudas, la señora Gump era muy asertiva y tenía toda la razón en su comparación de la vida con una caja de chocolates. Siempre en las cajas de bombones hay diferentes sabores, algunos ricos y otros no tan ricos. Incluso, para mi gusto, hay algunos bien malos, con rellenos viscosos y ácidos.

La vida es igual, es una incertidumbre, con alegrías y tristezas, pero que hay que disfrutarla al máximo, tal como se disfruta una caja de chocolates.