Archivo para 27 diciembre 2010

Pasó el Viejito!

El otro día conversábamos que es mucho más entretenido pasar una Navidad con niños que entre puros adultos. Son ellos los que le dan la emoción y alegría a ese momento especial en que nace el niño Jesús y que lo celebramos entregándonos regalos entre los seres queridos.

En mi casa no nos hacemos regalos entre los adultos, salvo cuando mi mamá rompe el pacto y nos compra algún engañito. Pero nuestro objetivo es no materializar la fecha, sobre todo porque mi familia es grande y no hay bolsillo que aguante. Por lo mismo, sólo le hacemos regalos a los niños.

Este año, pasamos la Navidad con los tres hijos chicos de mi hermana. Primero fuimos a misa, y pese a que fue una ceremonia más larga de lo normal, se portaron muy bien. Cantaron todos los villancicos y aplaudieron al son de las melodías. Al final ya se caían de sueño, pero aguantaron porque sabían que pronto podrían abrir los regalos en la casa.

Llegamos a la casa y comimos todos juntos en familia. Los niños lo único que hacían era ver el reloj y contaban los minutos para que fueran las 12. Ninguno pidió ningún regalo muy aparatoso, salvo unos monos que están de moda ahora que se llaman Zhu Zhu Pets, que son como hamsters que hablan y caminan.

Bueno, cuando el palito marcó las 12 de la noche, con otro sobrino mío de 17 años y mi papá, sacamos a los niños a dar una vuelta a la manzana, para ver si encontrábamos al Viejito Pascuero. Es increíble la imaginación y la inocencia de los niños. Veíamos una luz roja y de inmediato creían que era este caballero que reparte regalos. Después de caminar muy emocionados y de decirles que quizá ya había pasado por la casa, tomamos el rumbo de vuelta.

Cuando llegamos a la casa, mi otra sobrina de 21 años gritó con una muy buena cara de actriz que había pasado el Viejito Pascuero, pero que justo se había ido y que había dejado muchos regalos para todos. La carita de mis sobrinos desbordaba de emoción y su alegría fue tan espontánea y real que todos nos emocionamos.

Les llegaron regalos muy lindos. Unas muñecas, un autito a control remoto, un camión y un set de princesas, fueron algunos de los presentes. Y por supuesto, recibieron los esperados Zhu Zhu Pets.

Los invito a sentirse un poco como los niños, a sorprenderse con las cosas simples de la vida, a emocionarse y a creer.

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Ritos

Quedan exactamente 10 días para que se acabe este 2010, un año difícil que nos ha puesto muchas pruebas, pero que a la vez nos ha enseñado a ser fuertes, perseverantes y a salir adelante a pesar de las vicisitudes.

Como éste ha sido un año complicado, muchos quieren que se vaya pronto. Por lo mismo, creo que es importante darle término con reflexión, alegría y muchas ganas de que el próximo 2011 sea un período lleno de paz, tranquilidad y bendiciones.

Los ritos en estas ocasiones son fundamentales, a mi parecer. El ser humano necesita este tipo de “ceremonias” para darle importancia y sentido a las situaciones. Y este fin de año, el rito es fundamental, sobre todo para renovar las energías y comenzar el 2011 cargados de buenos pensamientos y deseos.

Aunque algunos crean que las cábalas son puras tonteras y supersticiones baratas, yo siento que de alguna u otra forma nos ayudan a dar término a una etapa y comenzar otra con la mente y el espíritu recargados, y con toda la fe de que éste será un año mejor.

En mi casa, con mi mamá siempre nos encargamos de que todos comamos 12 uvas después de darnos los abrazos de las 12. La idea es que uno pida deseos por cada uva que se come, que representa cada mes del año. También hemos comido lentejas y hemos salido a dar una vuelta a la manzana con una maleta.

Aunque quizá no todos los deseos que pedimos se cumplieron y no viajemos todos los años, el hecho de que todos juntos nos congreguemos y pensemos en que el futuro será mejor y deseemos cosas buenas, ya ayuda a que las energías se muevan y a que la fe se engrandezca.

Me acuerdo de un año en que nos fuimos con unos amigos al campo a pasar el Año Nuevo y nos dedicamos a hacer toda clase de rituales. Quemamos un mono, comimos uvas y nos pusimos monedas en los zapatos. Incluso partimos un diente de ajo, lo envolvimos y lo guardamos en la billetera. Supuestamente había que dejarlo ahí todo el año para tener plata los 365 días, pero la billetera quedó tan hedionda que no aguantamos y lo tuvimos que botar  a la basura.

Y hace cinco años, en otro Año Nuevo en el que no tenía pololo, mi mamá me compró un par de calzones amarillos, y aunque no creía mucho en eso, me los puse esa noche. Y aunque ustedes no lo crean, ese año me puse a pololear con mi niño amado, con el que llevamos más de cuatro años juntos. Quizá fue coincidencia, pero finalmente se cumplió el propósito del luminoso calzón.

Los invito a desear de corazón paz y prosperidad para el próximo año. Si quieren entretenerse un rato con su familia pueden hacer los típicos rituales de fin de año, y si no se sienten cómodos llevándolos a cabo, creo que sólo basta con solo mentalizarse, abrazarse y desearse cosas buenas en este nuevo período.

Les dejo esta nota por si quieren ideas de cábalas para realizar en la noche de Año Nuevo: Cábalas de fin de año

Hasta las lágrimas

Quizá yo no soy parámetro porque lloro hasta con los comerciales, pero creo que el final de Los 80 fue en extremo emocionante. No sólo por la actuación memorable de los protagonistas o la ambientación que nos transporta a la época, sino que por cómo ha logrado que todos, de alguna u otra manera, nos identifiquemos con los sucesos que ocurren en la historia.

Aunque yo era muy chica en la época, tenía cuatro años, al ver a la familia Herrera y ser parte de sus alegrías y tristezas, veo tantas similitudes con la mía que me sorprendo. En mi familia mis papás son inseparables, mis hermanos son todos distintos y con tendencias políticas disímiles y la diferencia de edad con mi hermano que viene antes que yo son de doce años, tal como le sucede a Félix y a la Anita.

Juan Herrera se parece mucho a mi papá, que a todo esto también se llama Juan. Ambos viven su vida preocupados de que su familia esté bien, de que nunca les falte nada y de que sus hijos puedan salir adelante a pesar de todo. Anita también se parece mucho a mi mamá, una mujer trabajadora, esforzada, que se posterga por el bien de su familia, y que se multiplica para lidiar con las exigencias de la casa y del trabajo. Y para colmo, ¡usaban los mismos anteojos para leer!

Uno de mis hermanos mayores también entró a la Fuerza Aérea como Martín, mientras que mi otra hermana estudiaba Arquitectura en Valparaíso y era toda lana y hippie y estaba en contra de la Dictadura, como Claudia. Esto, en muchas ocasiones, desembocaba en  peleas y discusiones de política, que la verdad yo no recuerdo, pero que me han contado que así era. Bueno, y otra de mis hermanas se llama Claudia, como la protagonista.

Y la relación que tiene Félix con su hermanita creo que es muy parecida a la que tengo yo con mi hermano. Incluso hay fotos en que mi hermano se ve muy parecido a Félix, con la misma ropa, el mismo peinado y leyendo Papelucho. Y por supuesto, siempre cuidando a su hermana, lo que siempre hacía mi él conmigo.

Y además de todo eso, en todos los momentos de dificultades, siempre nos hemos apoyado unos a otros sin importar nada.

El capítulo de ayer, por lo menos a mí, me emocionó hasta las patas y me hizo reafirmar mi convicción de que por más problemas que haya, finalmente si hay amor, muchosidad y cariño, todo puede resolverse. Pero no puedo creer que tenga que esperar hasta quizás cuándo para saber qué le pasó a Claudia, si pudo arrancar, si su familia leyó la carta, cuál fue su reacción cuando se dieron cuenta de que ella ya no estaba en la casa, y si finalmente irá a volver a su casa y reencontrarse con su familia.

Mi muñeca me habló

Con todo esto del ajetreo navideño y de las compras de los regalos de rigor, me acordé de lo importante que era para mí tener siempre a mi lado una muñeca que me acompañara en mis aventuras y en mis fantasías.

Todos los años le escribía una carta al Viejito Pascuero muy esperanzada y le pedía con todo mi corazón que me trajera la muñeca de moda. Sólo en una ocasión recibí una de las que salía en la tele en los comerciales y que era fantástica. Era una muñeca rubia, con una cara preciosa, con vestido rosado y que si se le daba comida de su platito especial, ella crecía.

Sí, como lo leen, ella crecía muy alto. Tenía un sistema como a cuerda. Había que subir y bajar su brazo una y otra vez hasta que hacía click. Luego, con su cucharita se le accionaba un botón que tenía en la boca y su estómago se estiraba hasta crecer como diez centímetros.

Era maravillosa y era mi favorita. Era la protagonista de todos los juegos que yo inventaba y sus amigos eran mis monos de peluche. Compartí muchas aventuras con ella, la peinaba y me entretenía haciéndole ropa nueva, que estuviera acorde a los juegos que yo inventaba.

Aunque no lo crean, mi muñeca siguió linda y reluciente hasta hace algunos años. Luego mis sobrinos chicos la tomaron en sus garras, la disfrutaron también y ahora la verdad es que no sé dónde está.

Cuando escucho la canción “Mi muñeca me habló” de 31 Minutos, me siento tan identificada. Sí, escucho 31 Minutos, bueno, lo escuchaba y me encantaba recordar mi niñez con esas melodías tan chistosas. Para mí, mi muñeca era realmente una amiga, conversábamos y me decía cosas. No era peladora como la de la canción, pero era muy importante para mí.

Esto me hizo pensar que en la actualidad pocos niños tienen una muñeca o un osito regalón. Mis sobrinos por ejemplo, tienen unos ositos de peluche que los adoran, duermen con ellos, les inventan voces y son sus cómplices en todas sus travesuras. Pero así como ellos yo he visto muy pocos. Quizás me equivoco, pero creo que hoy los pequeños suelen tener tantos juguetes que no los valoran, porque son uno más de todo el montón.

Por lo mismo, en esta Navidad creo que sería importante apaciguar en los niños ese sentido consumista adquirido por toda la publicidad que nos agobia, e incentivarlos a que tengan un juguete que sea irremplazable y especial.

Les dejo el video de la canción “Mi muñeca me habló” para que recuerden a su muñeca o juguete especial.

Amigo invisible

A la persona que en algún momento de la historia de la vida se le ocurrió implementar el juego del Amigo Secreto hay que hacerle un monumento. No sólo por el hecho de ayudarnos a ahorrar y de hacer descansar a nuestras billeteras en esta época ultra consumista, sino que por haber creado una dinámica tan entretenida y especial.

Desde chica me acuerdo de haber jugado al Amigo Secreto en el colegio. Era muy emocionante, sobre todo porque en la semana previa a la entrega del regalo, recibíamos cartas o pequeñas sorpresas de nuestra amiga que nos hacían añorar la hora en que sabríamos quién era. Eso sí, no siempre fue perfecto. Recuerdo que un año yo me preocupé y dediqué por elegir el regalo perfecto para mi amiga secreta, y yo no recibí nada. Fue muy triste, pero son los riesgos que se corren, sobre todo a tan corta edad.

Ahora, ya más adulta, he tenido la oportunidad de jugar a esta dinámica en diversos grupos. Algunas experiencias han sido entretenidísimas, otras no tanto. Como por ejemplo, en mi antiguo trabajo tuve que jugar al Amigo Secreto y mis jefes eran del terror. Mis compañeras y yo lo único que queríamos era irnos de ese lugar. Y para colmo tuve la mala suerte de que me tocara mi jefe como amigo secreto. Fue latero y estresante.

Pero este año tuve la bendición de pasar una linda jornada junto a un gran grupo de amigos, con los que jugamos al Amigo Secreto para celebrar la Navidad. A través de Internet, del sitio web www.amigoinvisibleonline.com, cada uno recibió el nombre de la persona a la que le tocaba regalar. Lo entretenido es que todos nos conocemos hace años y nos tenemos mucho cariño, por lo que el juego resultó muy lindo y chistoso.

Algunos queríamos hacer una dinámica en la que decíamos tres características de la persona que nos tocaba, con el objetivo de que el resto adivinara quién era, pero después de un buuu general, terminamos abriendo cada uno su regalo e intentando adivinar quién había sido el gestor del presente. Lo más gracioso era ver la falta de concentración que algunos teníamos, porque nos costaba un mundo adivinar quién era nuestro “Amigo Invisible”, pero fue conmovedor darnos cuenta de que cada uno eligió con mucho su regalo.

Los invito a jugar al Amigo Secreto con sus amigos o familiares. A darse un tiempo de elegir o hacer un regalo especial para ese ser querido especial y poner todo su cariño en ese objeto. Finalmente, el sentido de la Navidad no se traduce en quién recibe y abre más regalos, sino que en el cariño y muchosidad que recibimos y damos con ese presente.