Archivo para 12 abril 2011

Blackberritis

Sé que este sitio busca sacar lo mejor de nosotros y tratar de llenar este mundo con nuestra muchosidad. La idea no es criticar, sino que aconsejar y buscar soluciones a problemas del diario vivir.

Pero creo que debo hablar de una enfermedad que nos está afectando como sociedad, y que sólo ataca en desmedro a la comunicación y a la interacción como seres humanos: la Blackberritis.

Últimamente, me ha pasado muy seguido que en almuerzos, carretes o en reuniones sociales, cuando el grupo humano se encuentra conversando de lo más bien, entre medio más de una persona se encuentra revisando su celular, mandando correos o chateando.

Yo entiendo que para muchos la Blackberry es un elemento de trabajo, una herramienta esencial, sobre todo para quienes tienen su propio negocio o para los que trabajan freelance y deben estar pendientes de cualquier requerimiento laboral. Y no hay que negar que los aparatitos son muy útiles, sobre todo si uno se pierde o necesita saber una dirección. Todas sus aplicaciones, tales como el GPS, Google Mapas, entre otras, han sido la salvación de muchos en incontadas ocasiones.

Pero independiente de eso, creo que es una falta de respeto que cuando uno está hablando con alguien, esta persona de repente saque su teléfono y se ponga a chatear o a leer actualizaciones de Facebook y luego te diga: Perdón, ¿me decías? Es como si al conversar con alguien uno de repente pescara una revista o un libro y nos pusiéramos a leer en medio de la charla.

Espero no sonar amargada ni mucho menos, pero para mí, lo importante de estar frente a una persona es escucharla, mirarla y disfrutar de su compañía. Y si uno está entre un círculo de gente, es entretenido interactuar de la conversación general y disfrutar del grupo humano.

Aparte que tampoco creo que sea sano para nadie estar esclavizado las 24 horas del día, los siete días de la semana con trabajo. Para nuestra salud mental es fundamental la desconexión y el descanso, y aunque responder un mail laboral no requiera mucho tiempo ni esfuerzo con la Blackberry, igual el cerebro automáticamente se pone a pensar en los pendientes para el lunes o en las cosas que se nos olvidó hacer.

Espero que no me maten con este post, así que a los adictos a su Blackberry les pido perdón si herí sus sentimientos, pero también los invito a seguir usando este dispositivo, pero con mesura y sin olvidar que lo más importante es la interacción con personas tridimensionales y reales.

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Un Príncipe, una flor y un cordero

Leyendo en un blog me enteré de que, un día como hoy, se publicó uno de mis libros favoritos: “El Principito”, escrito por Antoine de Saint-Exupéry. No sé a ustedes, pero a mí este libro me encanta. Aparte de todas las enseñanzas que trae implícitas, encuentro tan linda la inocencia de este niño que quiere un cordero y que protege con su vida a su flor amada.

Cuando yo era chica, un pololo que tuvo una de mis hermanas grandes, tenía dotes artísticos y me escribió unas canciones sobre El Principito, sobre su cordero que se quería comer a su flor y sobre los baobabs. Yo las cantaba feliz, pero no entendía muy bien en qué consistía la historia.

Mi curiosidad fue más fuerte, por lo que fui a la biblioteca de mi colegio y arrendé un ejemplar de este libro. Fue la primera vez que lo leí. Como ya conocía algunos elementos de la historia, me cautivó de inmediato.

Debo admitir que no lo entendí del todo a esa edad. Me quedaban más las imágenes de este tierno niño que amaba a su rosa y que quería con todo su corazón tener un cordero. No entendía muy bien, eso sí, que un niño de tan corta edad haya estado solo en un desierto, por ejemplo.

Después, ya más grande, tuve la oportunidad de leer nuevamente este maravilloso libro. Un fin de semana fui a Ejercicios Espirituales Ignacianos. Ha sido la primera y única vez que he ido. Como la gracia de esta actividad es poder escuchar lo que Dios te quiere decir en el transcurso del fin de semana, la idea es tratar de permanecer todo el rato en silencio, salvo cuando te juntas con tu Acompañante Espiritual.

Para mí fue un verdadero suplicio estar callada por dos días completos. Pero gracias a “El Principito”, pude sobrellevar ese silencioso fin de semana. Como no podíamos hablar, sí podíamos aprovechar todos los libros que había en la casa de retiro. Y ahí me encontré nuevamente con este amigo de la infancia.

Leerlo en ese contexto fue maravilloso, ya que gracias al silencio pude percatarme de un montón de mensajes y enseñanzas escondidas que tiene esta historia que, por supuesto, en la niñez no había entendido.

Creo que ahora es tiempo de volver a leerlo y llenarme de toda esa inocencia y sabiduría infantil. Les contaré cómo me va.

Pero mientras, les dejo algunas frases de este precioso libro para que las puedan leer y pensar:

  • “Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan)”.
  • “Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”.
  • “A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle”.
  • “Conozco un planeta en el que vive un señor muy colorado. Nunca ha olido una flor. Nunca ha contemplado una estrella. Nunca ha amado a nadie. Nunca ha hecho otra cosa que sumas. Se pasa el día diciendo, como tú: “¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!”, lo que le hace hincharse de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!”
  • “Es tan misterioso el país de las lágrimas…”
  • “No se debe nunca escuchar a las flores. Sólo se las debe contemplar y oler. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no era capaz de alegrarme de ello”.
  • “Se debe pedir a cada cual, lo que está a su alcance realizar”.
  • “Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo”.
  • “No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo”.
  • “Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores”.
  • “Sólo se conocen bien las cosas que se domestican”.
  • “No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”.
  • “Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…”
  • “Únicamente los niños saben lo que buscan. Pierden el tiempo con una muñeca de trapo que viene a ser lo más importante para ellos y si se la quitan, lloran…”

Sumas con reservas

El otro día, mi sobrina chica, la Magda, llegó llorando. Nos contaba que su hermano más grande, el Leo -que como buen hermano grande siempre la molesta- le había dicho que Primero Básico era demasiado difícil y que no iba a ser capaz de aprender todas las cosas que le enseñarían, sobre todo leer y lo referente a las matemáticas.

“¡¡¡¡¡Si hasta voy a tener que hacer sumas con reservas!!!!!”, decía ella llorando muy apesadumbrada. Con mi familia nos moríamos de la risa, pero para ella debe haber sido muy terrible sentir que le iba a costar mucho aprender eso que se escuchaba tan tan difícil.

Me imagino lo que habrá pasado por su cabeza al momento de escuchar eso de “sumas con reservas”. Es como lo que yo pensaba en Media cuando me hablaban de logaritmos o funciones o de fórmulas químicas raras. Eran cosas muy enredadas que probablemente nunca iba a entender del todo.

Les cuento esto porque me puse a pensar que en algunas ocasiones, nos asustan cosas que no conocemos, pero que de solo escucharlas suenan aterradoras. Pero después de familiarizarnos y relacionarnos con ellas descubrimos que finalmente no eran tan tenebrosas como las imaginábamos.

A mí muchas veces me pasa eso, me complico entera por algo que aún no pasa. Me paso rollos y creo que podría existir la posibilidad de que ocurra eso que imagino, pero la mayoría de las veces no sucede nada, o no era tan terrible como lo imaginaba.

Sé que no a todas las personas les sucede esto, hay mucha gente que vive el día a día y que disfruta de las cosas buenas, sin preocuparse por el futuro. Pero a mí me cuesta mucho no vislumbrar situaciones que podrían ocurrir. Quizá es porque soy 6 en el Eneagrama, es decir, una persona que se pasa muchos rollos y que siempre está previendo lo que podría ocurrir en el futuro.

Pero independiente de eso, creo que es fundamental no estresarnos por tonteras o por cosas de las que no tenemos mayor injerencia. Si no está en nuestras manos, filo no más y a seguir adelante.

Los invito entonces a no sentirse reprimidos por las sumas con reservas.