Un Príncipe, una flor y un cordero

Leyendo en un blog me enteré de que, un día como hoy, se publicó uno de mis libros favoritos: “El Principito”, escrito por Antoine de Saint-Exupéry. No sé a ustedes, pero a mí este libro me encanta. Aparte de todas las enseñanzas que trae implícitas, encuentro tan linda la inocencia de este niño que quiere un cordero y que protege con su vida a su flor amada.

Cuando yo era chica, un pololo que tuvo una de mis hermanas grandes, tenía dotes artísticos y me escribió unas canciones sobre El Principito, sobre su cordero que se quería comer a su flor y sobre los baobabs. Yo las cantaba feliz, pero no entendía muy bien en qué consistía la historia.

Mi curiosidad fue más fuerte, por lo que fui a la biblioteca de mi colegio y arrendé un ejemplar de este libro. Fue la primera vez que lo leí. Como ya conocía algunos elementos de la historia, me cautivó de inmediato.

Debo admitir que no lo entendí del todo a esa edad. Me quedaban más las imágenes de este tierno niño que amaba a su rosa y que quería con todo su corazón tener un cordero. No entendía muy bien, eso sí, que un niño de tan corta edad haya estado solo en un desierto, por ejemplo.

Después, ya más grande, tuve la oportunidad de leer nuevamente este maravilloso libro. Un fin de semana fui a Ejercicios Espirituales Ignacianos. Ha sido la primera y única vez que he ido. Como la gracia de esta actividad es poder escuchar lo que Dios te quiere decir en el transcurso del fin de semana, la idea es tratar de permanecer todo el rato en silencio, salvo cuando te juntas con tu Acompañante Espiritual.

Para mí fue un verdadero suplicio estar callada por dos días completos. Pero gracias a “El Principito”, pude sobrellevar ese silencioso fin de semana. Como no podíamos hablar, sí podíamos aprovechar todos los libros que había en la casa de retiro. Y ahí me encontré nuevamente con este amigo de la infancia.

Leerlo en ese contexto fue maravilloso, ya que gracias al silencio pude percatarme de un montón de mensajes y enseñanzas escondidas que tiene esta historia que, por supuesto, en la niñez no había entendido.

Creo que ahora es tiempo de volver a leerlo y llenarme de toda esa inocencia y sabiduría infantil. Les contaré cómo me va.

Pero mientras, les dejo algunas frases de este precioso libro para que las puedan leer y pensar:

  • “Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan)”.
  • “Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”.
  • “A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Solamente con estos detalles creen conocerle”.
  • “Conozco un planeta en el que vive un señor muy colorado. Nunca ha olido una flor. Nunca ha contemplado una estrella. Nunca ha amado a nadie. Nunca ha hecho otra cosa que sumas. Se pasa el día diciendo, como tú: “¡Soy un hombre serio! ¡Soy un hombre serio!”, lo que le hace hincharse de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!”
  • “Es tan misterioso el país de las lágrimas…”
  • “No se debe nunca escuchar a las flores. Sólo se las debe contemplar y oler. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no era capaz de alegrarme de ello”.
  • “Se debe pedir a cada cual, lo que está a su alcance realizar”.
  • “Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo”.
  • “No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo”.
  • “Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores”.
  • “Sólo se conocen bien las cosas que se domestican”.
  • “No se ve bien sino con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos”.
  • “Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…”
  • “Únicamente los niños saben lo que buscan. Pierden el tiempo con una muñeca de trapo que viene a ser lo más importante para ellos y si se la quitan, lloran…”
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2 Responses to “Un Príncipe, una flor y un cordero”


  1. 1 Pancho abril 9, 2011 en 2:33 am

    Gracias por traernos a la memoria al enorme Principito!

  2. 2 Vicky abril 10, 2011 en 1:11 am

    Gracias por recordarnos siempre, a través de lo que escribes, las cosas más importantes. Creo que ese es uno de tus grandes dones.

    me quedé pegada en algunas frases de este niño sabio que todos llevamos dentro:

    “Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan)”
    Creo que yo no era una niña muy alegre; sentí siempre la carga de la responsabilidad por cuidar al hermano más chico, por asumir los mandados que los otros no hacían, por ser buena, por ser digna de que Dios me quisiera, por no defraudar…etc.
    Creo que no me dí la oportunidad de ser una niña de verdad.

    A lo mejor es la razón por la cual luego conduje mi vida por lo que el instinto me dictaba. Lo sigo haciendo y desde mí misma. A lo mejor fue necesario alejarme de la familia para conocer mis verdaderas ansias de libertad y aprender lentamente y con varias caídas, lo que significa ser amiga del arrojo.

    A diferencia de lo que muchos dicen, mi vida después de los 17, fue mi verdadera infancia, mi verdadera oportunidad de forjar el carácter. Proceso que tiene mucho por delante aún-

    “Es tan misterioso el país de las lágrimas…”
    El país de las lágrimas lo visité muchas veces y de verdad es muy misterioso. Guarda secretos de uno mismo, que esperan a que nos demos la oportunidad de enfrentar con pacienccia y voluntad.

    “Se debe pedir a cada cual, lo que está a su alcance realizar”.
    Qué importante es esto… cada uno tiene su lugar en el rompecabezs. Aunque falte la pieza más chica igual queda incompleto.

    Gracias Vero por lograr que me acordara de m{i misma por un rato. besos, Vicky


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