Archive for the 'Esencia' Category

Tiempo

“Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol” (Eclesiastés, 3,1)

Tiempo. Sin duda, lo que me ha faltado este año ha sido tiempo. Tiempo para descansar, tiempo para flojear, tiempo para estar con mis amigos, tiempo para estar con mi pololo y mi familia. Tiempo para hacer las cosas que me gustan. Tiempo para leer, tiempo para escribir.

Ya estamos en diciembre, y siento que este año fue un suspiro que pasó apresuradamente, sin darme tiempo de respirar. Creo que como nunca, me sentí muy cansada, con sueño crónico, pero con mi cerebro siempre a mil.

El apremio fue tanto que entre mil actividades, me llegó una propuesta inesperada, maravillosa y emocionante, que me dejó expectante, sorprendida y feliz, muy feliz. Después de seis increíbles años juntos, ahora, con Seba somos novios. Nunca pensé que llegaría este momento tan pronto ni qué era lo que iba a pasar cuando llegara. Pero lo que sí sé es que estoy tan feliz que por mis venas corre alegría absoluta.

Este 2012 ya se acaba, se lleva con él el estrés, la falta de sueño, los fines de semana de estudio, las clases y el trabajo sin parar, dándole paso al año 2013, y junto con eso a una nueva etapa, cargada de desafíos laborales, organización, cotizaciones, compras, gastos, pero mucho, mucho amor.

Mi anuario 2011

Como trabajo en un colegio, me he hecho cargo de la confección del anuario, principalmente de la recolección de textos, corrección y también redacción de algunos de los escritos. 

Como ya deben saber, el anuario es una publicación que busca resumir todo el año vivido por alumnos, profesores y trabajadores de un colegio, mediante textos y fotos que muestran actividades, ceremonias, sentimientos y emociones. 

Al leer los textos me he dado cuenta de la cantidad de cosas que pueden pasar en un año. Sin danos cuenta, pasan por nuestros ojos 365 días y ya estamos a diciembre, a una semana de la Navidad

No sé a ustedes, pero a mí este año se me pasó particularmente rápido. No sé si es porque trabajo en un colegio y las actividades son muchas (todas las semanas pasa algo distinto y entretenido, que me ha tenido bien entusiasmada), pero siento que los días vuelan y ahora me siento realmente agotada. Creo que éste fue un año intenso. 

Si hago un anuario de mi año podría poner diversas fotos y textos, partiendo por imágenes del Campeonato de Planeadores en el que me tocó trabajar, del viaje a Buzios con el Seba, del concierto de U2 al que fui en marzo, del estrés en la pega que tuve el primer semestre difundiendo en los medios instrumentos musicales, bandas y pescados.

También podría poner en mi anuario imágenes del departamento que arrendé, de los muebles que le incorporé, de mi nuevo trabajo, de la celebración de mi cumpleaños con todos mis seres queridos, de la celebración del cumpleaños de todos mis seres queridos, del paseo al Cajón del Maipo para el 18, de mis sobrinas bailando cueca en su colegio en Fiestas Patrias, de los fines de semana en Santo Domingo o en Con Con.

 Incluiría también el viaje con mis amigas a Ilhabela y mis paseos diarios en bicicleta, con el viento en mi cara y el sol en mi cabeza. Insertaría el fin de semana pasado cuando fuimos con mi pololo y mi familia al campo, a La Gloria, a la casa de mi papá, a pasar un día de relajo, de mucho calor y de cariño.

Podría seguir todo el día incluyendo momentos importantes vividos durante el año, y también situaciones cotidianas, que se viven diariamente, y que tienen igual o más relevancia que las otras. Ir a comprar con mi mamá al mall, reírme y disfrutar con mis sobrinos, conversar con mi papá, escribir en mi blog, echarme con mi pololo a regalonear y ver tele. Sin duda, estos instantes también deberían quedar plasmados en mi anuario personal.

 Y tú, ¿qué pondrías en tu anuario 2011?

Mucha fuerza

Me acabo de enterar hace un rato, que un profesor del Colegio en el que trabajo está muy enfermo y se encuentra grave en el Hospital. La semana pasada supe que estaba con licencia, pero nunca pensé que podría complicarse más de la cuenta. 

Él es un hombre de unos 64 años aproximadamente, muy atento y servicial, con una cordialidad en el trato que yo nunca antes había visto. En mi trabajo me han recibido todos muy bien, pero este profesor en particular ha tenido un grado mayor de acogida conmigo. 

Siempre que me veía me saludaba con mucho cariño y siempre que venía al lugar donde está mi oficina a conversar con alguien más, se tomaba un minuto especial para venir a saludarme, desearme un buen día y contarme algo de su vida o de sus hijos. 

En este poco tiempo que llevo conociéndolo, me llamó mucho la atención su sabiduría y su memoria. Sólo había visto tan buena memoria en mi papá, y me sorprendió ver que él tiene esa misma capacidad de recordar y analizar diversas situaciones con detalles específicos. Siempre que quise saber algo, algún nombre o lo que fuera, el profesor me dio esos datos sin dudar. 

Como no soy familiar ni tan cercana no tengo la posibilidad de ir a verlo. Las visitas son restringidas y para familiares solamente. Tampoco lo puedo llamar por razones obvias, así que no sabía cómo darle mi apoyo y hacerle saber mi preocupación.

Por esto, decidí escribir este post, para enviarle de esta forma, toda la fuerza y el cariño del mundo, esperando que se recupere y esté pronto con nosotros.

¿Los nuevos 20?

Desde que mi grupo cercano y yo estamos en el período del cambio de folio he escuchado muchas veces la frase que dice que los 30 son los nuevos 20. Yo creo que ese dicho se utiliza porque las personas nos sentimos igual de joviales que a los 20 y tenemos muchas posibilidades de pasarlo bien, tal como los que tienen diez años menos. Aparte que la sociedad en sí ha cambiado y antiguamente a los 30 se tenía la vida resuelta, mientras que ahora las posibilidades son infinitas.

Pero independiente de eso, no estoy de acuerdo con esa frase. Para mí los 30 han sido sumamente distintos a los 20 por muchas razones, y ambas edades han tenido sus bendiciones. A los 20 estaba estudiando en la Universidad, participaba de CVX, no tenía pololo por lo que aprovechaba de salir mucho con mis amigas.

A los 20 era una niña que aún no sabía qué le deparaba el futuro, no tenía idea qué quería hacer más adelante, y que sólo pensaba en cómo le iba a ir en la prueba del lunes o dónde sería la próxima reunión de CVX. Era tímida y miedosa y me complicaba mucho arriesgarme. En todo caso, las responsabilidades que tenía no eran muchas y las posibilidades de arriesgarme tampoco.

En 10 años han pasado muchas cosas en mi vida. Comencé mi aventura en la vida laboral, me titulé, me puse a pololear y me fui a vivir sola. Vi sufrir a muchos seres queridos, y yo a su vez, tuve que verme enfrentada a un sinnúmero de injusticias laborales. Pero en el transcurso de los años, conocí a personas maravillosas y fui aprendiendo a enfrentar mis miedos, a manifestar mis inquietudes, a confiar en mí misma, a mejorar como persona y como profesional, y a valorar el trabajo que realizo.

Por todo esto, creo que los 30 no son los nuevos 20, sino que son aún mejores. Una persona de 30 ya no teme enfrentar sus miedos y temores, sino que se para ante la vida con seguridad, confianza y con la experiencia de haber aprendido cosas nuevas, pero también con las ganas de seguir mejorando y cultivando mayores conocimientos y virtudes.

Por lo menos a mí, todo lo que sufrí en mis experiencias laborales me sirvió mucho para aprender, para desafiarme a seguir adelante, a perseverar y a no darme por vencida. Ahora, gracias a eso, tengo la posibilidad de desempeñarme en un muy buen trabajo y hacer lo que me gusta, con las mejores condiciones. Pero no lo podría haber hecho si no hubiera tenido el aprendizaje y sufrimiento previos.

Y bueno, no es menor el hecho de que a los 20 uno no tenía ni un peso, y que los papás nos daban plata para la fotocopia y sería. En cambio a los 30, después de algunos años laborales, uno puede tener la satisfacción de tener un ingreso mensual que permite pagarse sus propias cosas, tener independencia y a la vez darse algunos gustitos.

Así que chiquillos y chiquillas, para los que ya cumplieron 30, disfruten a concho esta etapa que es maravillosa y llena de nuevos desafíos. Y para los que están por cumplirlos, no se asusten ni se sientan viejos. Aprovechen esta edad que es muy entretenida, que trae muchas cosas nuevas y que permite arriesgarse, quererse y llenarse de muchosidad!

Sumas con reservas

El otro día, mi sobrina chica, la Magda, llegó llorando. Nos contaba que su hermano más grande, el Leo -que como buen hermano grande siempre la molesta- le había dicho que Primero Básico era demasiado difícil y que no iba a ser capaz de aprender todas las cosas que le enseñarían, sobre todo leer y lo referente a las matemáticas.

“¡¡¡¡¡Si hasta voy a tener que hacer sumas con reservas!!!!!”, decía ella llorando muy apesadumbrada. Con mi familia nos moríamos de la risa, pero para ella debe haber sido muy terrible sentir que le iba a costar mucho aprender eso que se escuchaba tan tan difícil.

Me imagino lo que habrá pasado por su cabeza al momento de escuchar eso de “sumas con reservas”. Es como lo que yo pensaba en Media cuando me hablaban de logaritmos o funciones o de fórmulas químicas raras. Eran cosas muy enredadas que probablemente nunca iba a entender del todo.

Les cuento esto porque me puse a pensar que en algunas ocasiones, nos asustan cosas que no conocemos, pero que de solo escucharlas suenan aterradoras. Pero después de familiarizarnos y relacionarnos con ellas descubrimos que finalmente no eran tan tenebrosas como las imaginábamos.

A mí muchas veces me pasa eso, me complico entera por algo que aún no pasa. Me paso rollos y creo que podría existir la posibilidad de que ocurra eso que imagino, pero la mayoría de las veces no sucede nada, o no era tan terrible como lo imaginaba.

Sé que no a todas las personas les sucede esto, hay mucha gente que vive el día a día y que disfruta de las cosas buenas, sin preocuparse por el futuro. Pero a mí me cuesta mucho no vislumbrar situaciones que podrían ocurrir. Quizá es porque soy 6 en el Eneagrama, es decir, una persona que se pasa muchos rollos y que siempre está previendo lo que podría ocurrir en el futuro.

Pero independiente de eso, creo que es fundamental no estresarnos por tonteras o por cosas de las que no tenemos mayor injerencia. Si no está en nuestras manos, filo no más y a seguir adelante.

Los invito entonces a no sentirse reprimidos por las sumas con reservas.

Bye bye summer

Cuando ya llevo dos semanas trabajando tras el regreso de mis vacaciones, me es imposible dejar de recordar los lindos momentos que viví con el Seba en Buzios. Las mañanas de guata al sol en la arena, las lindas caminatas por la playa y los paseos en la Rua das Pedras por la noche, son los escenarios que añoro ahora que me encuentro encerrada en la oficina todos los días.

Creo que ando con la depresión post vacaciones porque me ha costado un mundo volver a la rutina y concentrarme en mis tareas diarias. En algún momento del día mi mente comienza a divagar y a recordar ciertos instantes de relajo máximo, desconexión y alegría plena.

Algo que me sorprendió y que nunca olvidaré de Brasil fue el contacto que tuvimos con el primer brasileño. Yo nunca había ido a Brasil, pero el Seba siempre me decía que eran muy buenas personas. El ejecutivo de Policía Internacional, cuando nos pidió los papeles para ingresar al país, nos preguntó de una manera muy alegre y animada, de dónde veníamos y dónde íbamos. “Vienen de Chile, ¿y van a Buzios? Es muy bonito y entretenido! Hace mucho calor y no ha llovido”, o algo así fue lo que le entendí entre tanta palabra en portugués.

Me sorprendió tanto su cariñoso recibimiento porque en Chile cuando uno llega a Policía Internacional, el señor con suerte mira y no dice hola ni chao. Cero interacción. En cambio don brasileño nos acogió con una gran sonrisa y con el mejor ánimo del mundo. Sólo le faltó ponernos un collar de flores para darnos la bienvenida.

Cuando llegamos a Buzios partimos en la noche a conocer la calle del centro, la famosa “Rua das Pedras”. Llegamos, recorrimos y comimos algo rico y cuando íbamos de regreso a la posada, siento que alguien camina detrás nuestro y que se aproxima con velocidad. Yo como buena chilena asustada y que ha sufrido varios robos y asaltos, lo primero que atiné fue a agarrar con fuerza mi cartera. El hombre que venía detrás nos dice en portugués algo como  “pero qué pasa, ¿se asustaron?”. Yo me sentí bastante mal por lo desconfiada, y a partir de ese día caminé sin miedo por las calles de la ciudad.

Y al día siguiente de nuestra llegada queríamos ir a alguna playa a disfrutar el día. En Buzios el transporte habitual se realiza en las denominadas “combis”, que por 2 reales acercaban a los distintos destinos. Cuando llegó la primera vimos que estaba repleta, por lo que le dijimos al chofer que mejor esperábamos la próxima. Pero una mujer brasileña que estaba adentro abrió la puerta y con su voz fuerte y profunda nos dice que sí hay espacio, que entremos no más. Así que le hicimos caso. Y nos fue conversando todo el camino y nos comentaba que no teníamos que asustarnos, ya que en Buzios era “todo tranqüilo y todo bem”. Debemos haber puesto tal cara de susto antes de subirnos a la convy que ella prefirió advertirnos que no nos preocupáramos y que nos relajáramos en nuestras vacaciones.

Cuando llegué a Santiago extrañé mucho ese cariño y esa amabilidad que caracteriza a los brasileños. Acá somos más parcos, serios y temerosos de que algo nos pueda ocurrir.

Ahora, sentada en el escritorio del trabajo, con marzo que nos pisa los talones y con el verano que nos abandona, añoro estar de guata al sol sintiendo nada más que el mar de fondo y compartiendo con gente tan amable como la que conocimos en Brasil. Pero bueno, como todos sabemos, las vacaciones no son eternas y hay que seguir con la rutina, sin que nos atrape y sin dejar de hacer las cosas que nos gustan, porque como bien dice Visa: “La vida es ahora”.

Cuidado maternal

Desde que nos gestan, el útero materno es nuestro primer hogar. La primera voz que escuchamos y los primeros latidos que percibimos son los de nuestra mamá. Es ella la que nos protege en un ambiente acogedor y calentito, y es ella la primera persona con la que tenemos una relación de amor en este mundo.

Posteriormente, cuando nacemos, ella nos alimenta, cría y cuida, y si no fuera por ella -y también por nuestros padres- moriríamos indefensos. Es la persona en quien podemos confiar de manera ciega y que nos querrá incondicionalmente.

Yo tengo la gran suerte de tener una mamá incomparable, generosa, cariñosa, preocupada y que daría la vida por sus hijos, nietos, marido y por su familia. Admiro de ella su capacidad de entregarse por completo a su familia sin quejarse nunca, de postergarse para siempre dar a sus hijos lo mejor, y de entender, escuchar y dar su opinión certera en el momento preciso.

La verdad es que no sé qué haría sin ella. Es una parte fundamental en mi vida, es mi protección, mi cable a tierra, mi amiga y el ejemplo que me gustaría seguir. Es una de las personas más buenas que conozco, junto con mi papá, siempre preocupados de darle lo mejor al prójimo.

Este fin de semana sentí mucho miedo de perderla. Tuvo un episodio de vértigo que no le permitía moverse de los mareos. Pero antes de saber eso los doctores decían que incluso podría haber tenido un derrame cerebral, lo que nos asustó mucho. Gracias a Dios, no era tan grave, y con mucho reposo y medicamentos estará bien.

Pero lo más impactante fue verla tan vulnerable y frágil, y que ahora me toque cuidarla a mí, así como ella me cuidó cuando yo era guagua. Por lo mismo, he intentado hacerlo de la mejor manera posible y alivianarle un poco su enfermedad.

Los invito a abrazar a sus mamás, a aprovecharlas y a sacarle todo el provecho a su compañía, a sus consejos y a su espíritu protector. La próxima vez que la vean, abrácenla y regaloneen con su muchosidad.