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Sueños

No sé por qué, pero uno de mis sueños desde chica ha sido poder cantar bien, pararme en un escenario y deslumbrar a todos los presentes con mi potente y penetrante voz. 

Lamentablemente, me cuesta mucho plantarme frente a una audiencia. Me pongo muy nerviosa, me tirita la voz y se me van las ideas. Con los años he aprendido a contener el miedo, y hacer presentaciones frente a un directorio o a un grupo de personas ya no es tan terrible. Pero de sólo imaginarme con un micrófono en mano tratando de cantar y el dolor de guata me invade. 

Desde chica estuve ligada a la música. Aprendí a leer partituras y a tocar flauta muy bien. Desarrollé el oído y podía tocar melodías sin problemas. Pero nunca tuve la posibilidad de desarrollar la voz. Canto como todo ser humano y como tengo buen oído, puedo ser afinada. Pero eso dista mucho de cantar una canción completa frente a un público específico. 

Como no tengo cable en mi nuevo departamento, he tenido que pasar las horas viendo películas y series de Internet. Glee se ha convertido en una de mis favoritas, y como ustedes comprenderán, las ganas por saber cantar se acrecientan cada vez que veo a Rachel Berry cantar y entonar unas notas tan altas sin inmutarse. 

Por el momento, me consuelo viendo la serie una y otra vez, esperando los capítulos nuevos de la tercera temporada y escuchando las canciones cantadas por el elenco en mi Iphone, soñando que soy yo la que entona esas melodías. 

Por qué no toma clases de canto, dirán ustedes. Bueno, el tiempo y la plata para eso son escasos, y el hecho de que mi voz sea evaluada frente a una profesional me da más nervio aún. Así que mientras, para cumplir en un grado mi sueño, junto plata para comprarme un Nintendo Wii y adquirir el Karaoke Revolution Glee, juego que permite cantar los temas de la serie y sentirse una profesional. Y con eso soy feliz.

 ¿Con qué sueños tú acrecentarías tu muchosidad?

Les dejo un regalito, la canción “Don’t stop believin”, interpretada por el elenco de Glee.

Nuestros niños

Con el correr de los años me he hecho seguidora de las teleseries nocturnas de TVN. “Dónde está Elisa” generó una especie de adicción en mí por ver series en la noche, lo que también me creó el hábito de acostarme tarde todos los días y estar muerta de sueño en el trabajo al día siguiente.

“40 y tantos” era entretenida, pero un poco banal. Siento que ridiculizaban algunas situaciones y mostraban lo peor de las personas que tienen esa edad, y no creo que en la realidad sea tan así, sobre todo con gente de clase media y baja. Pero la veía igual y necesitaba saber qué iba a suceder con la tía que estaba enamorada del sobrino, por ejemplo.

Y con “El laberinto de Alicia” me han pasado hartas cosas. Sin lugar a dudas, es una serie entretenida, con mucho suspenso, que te agarra desde el primer capítulo y te deja en ascuas y con muchas ganas de ver el siguiente. Pero además trata un tema que es muy común en la actualidad, pero que no se maneja con la responsabilidad, transparencia y el compromiso con el que se debiera.

Yo tengo muchos sobrinos y sobrinas, y los niños han sido parte de mi vida siempre. Son seres fundamentales para mí y sin ellos me moriría. Me han entregado tantas alegrías que de sólo pensar que algo así les pudiera ocurrir me genera mucha angustia, una pena tremenda y una rabia sin límites.

Debido a esto, creo que es positivo que en el país se hable del tema y que una serie como ésta haga que se tomen todas las precauciones del caso, tanto en los colegios como en los hogares, para que nuestros niños no tengan que sufrir un abuso de este tipo, que al final no tiene vuelta atrás.

Y que, tal como aparece en el programa, es fundamental que estemos atentos siempre al comportamiento de nuestros niños, que al final son los nos pueden hacer saber de forma certera si les está pasando algo o no. Fijarnos si están más callados, si son más esquivos, si comienzan a tener miedo sin un motivo aparente, si andan más sensibles o simplemente si están comportándose de manera diferente a como lo hacen siempre.

Somos quienes más los conocemos y con quienes tienen mayor cercanía, por lo que está en nosotros mismos acompañarlos, darles toda la confianza del mundo, hacerles sentir que son lo más importante para nosotros y hacerles saber que los defenderemos con garras y uñas de cualquier adversidad.

Hasta las lágrimas

Quizá yo no soy parámetro porque lloro hasta con los comerciales, pero creo que el final de Los 80 fue en extremo emocionante. No sólo por la actuación memorable de los protagonistas o la ambientación que nos transporta a la época, sino que por cómo ha logrado que todos, de alguna u otra manera, nos identifiquemos con los sucesos que ocurren en la historia.

Aunque yo era muy chica en la época, tenía cuatro años, al ver a la familia Herrera y ser parte de sus alegrías y tristezas, veo tantas similitudes con la mía que me sorprendo. En mi familia mis papás son inseparables, mis hermanos son todos distintos y con tendencias políticas disímiles y la diferencia de edad con mi hermano que viene antes que yo son de doce años, tal como le sucede a Félix y a la Anita.

Juan Herrera se parece mucho a mi papá, que a todo esto también se llama Juan. Ambos viven su vida preocupados de que su familia esté bien, de que nunca les falte nada y de que sus hijos puedan salir adelante a pesar de todo. Anita también se parece mucho a mi mamá, una mujer trabajadora, esforzada, que se posterga por el bien de su familia, y que se multiplica para lidiar con las exigencias de la casa y del trabajo. Y para colmo, ¡usaban los mismos anteojos para leer!

Uno de mis hermanos mayores también entró a la Fuerza Aérea como Martín, mientras que mi otra hermana estudiaba Arquitectura en Valparaíso y era toda lana y hippie y estaba en contra de la Dictadura, como Claudia. Esto, en muchas ocasiones, desembocaba en  peleas y discusiones de política, que la verdad yo no recuerdo, pero que me han contado que así era. Bueno, y otra de mis hermanas se llama Claudia, como la protagonista.

Y la relación que tiene Félix con su hermanita creo que es muy parecida a la que tengo yo con mi hermano. Incluso hay fotos en que mi hermano se ve muy parecido a Félix, con la misma ropa, el mismo peinado y leyendo Papelucho. Y por supuesto, siempre cuidando a su hermana, lo que siempre hacía mi él conmigo.

Y además de todo eso, en todos los momentos de dificultades, siempre nos hemos apoyado unos a otros sin importar nada.

El capítulo de ayer, por lo menos a mí, me emocionó hasta las patas y me hizo reafirmar mi convicción de que por más problemas que haya, finalmente si hay amor, muchosidad y cariño, todo puede resolverse. Pero no puedo creer que tenga que esperar hasta quizás cuándo para saber qué le pasó a Claudia, si pudo arrancar, si su familia leyó la carta, cuál fue su reacción cuando se dieron cuenta de que ella ya no estaba en la casa, y si finalmente irá a volver a su casa y reencontrarse con su familia.